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miércoles, 16 de diciembre de 2015

Acuerdo sobre víctimas, ojalá sea exitoso como otros en el mundo, por el bien de las víctimas

El acuerdo sobre víctimas que firmaron este martes en La Habana el Gobierno y las Farc, no solamente es histórico, sino trascendental, pues busca la reparación de más de seis millones de víctimas, cerrar las heridas abiertas por medio siglo de conflicto armado y acercar más el horizonte de la paz para Colombia.

Recordemos que las partes discutían desde hace un año y medio sobre este espinoso punto -el quinto de la agenda-, tiempo en el que recibieron a 60 representantes de las víctimas para ofrecer a la mesa de negociaciones fiel testimonio del drama humano que se esconde tras tantas décadas de guerra.

De acuerdo con cifras oficiales del Centro de Memoria Histórica de Colombia, los 50 años de confrontación armada en Colombia han dejado 6,5 millones de víctimas, entre ellas 5,7 millones de desplazados, 220.000 muertos, 25.000 desaparecidos y 27.000 secuestrados.

El reto ahora es que la Comisión de la Verdad, Justicia y Reparación que se conforme arroje resultados satisfactorios para esas víctimas y la sociedad en general, en un tiempo prudencial, como ocurrió en países como El Salvador, Argentina o Sudáfrica.

Con el acuerdo de víctimas, Gobierno y guerrilla entran en la recta final de ese proceso que busca una paz estable y duradera, así como la y la reconciliación de un país desangrado por la violencia de diversos grupos armados. Se cierra de esta manera un importante capítulo del proceso de paz, para volver en enero con el reto empezar a articular el fin del conflicto, lo que lleva implícito la entrega o dejación de las armas por parte de las Farc y el cese el fuego bilateral y definitivo, temas que son debatidos desde hace varios meses por una subcomisión técnica, integrada por altos mandos militares de los dos bandos, con el objetivo de llevar a la mesa propuestas concretas para llegar al fin del conflicto.

Cortesía


Principios base del acuerdo
Las partes iniciaron el quinto punto de discusión de la agenda -el de víctimas- el 7 de junio de 2014, con la “Declaración de principios”. Esos principios son:

 El reconocimiento de las víctimas: Es necesario reconocer a todas las víctimas del conflicto, no solo en su condición de víctimas, sino también y principalmente, en su condición de ciudadanos con derechos.

El reconocimiento de responsabilidad frente a las víctimas del conflicto. La Satisfacción de los derechos de las víctimas (Los derechos de las víctimas del conflicto no son negociables).

La participación de las víctimas: La discusión sobre la satisfacción de los derechos de las víctimas de graves violaciones de derechos humanos e infracciones al Derecho Internacional Humanitario con ocasión del conflicto, requiere necesariamente de la participación de las víctimas, por diferentes medios y en diferentes momentos.

El esclarecimiento de la verdad: Esclarecer lo sucedido a lo largo del conflicto, incluyendo sus múltiples causas, orígenes y sus efectos, como parte fundamental de la satisfacción de los derechos de las víctimas, y de la sociedad en general. La reconstrucción de la confianza depende del esclarecimiento pleno y del reconocimiento de la verdad.

La reparación de las víctimas: Las víctimas tienen derecho a ser resarcidas por los daños que sufrieron a causa del conflicto. Restablecer los derechos de las víctimas y transformar sus condiciones de vida en el marco del fin del conflicto es parte fundamental de la construcción de la paz estable y duradera.

Las garantías de protección y seguridad: Proteger la vida y la integridad personal de las víctimas es el primer paso para la satisfacción de sus demás derechos. La garantía de no repetición: El fin del conflicto y la implementación de las reformas que surjan del Acuerdo Final, constituyen la principal garantía de no repetición y la forma de asegurar que no surjan nuevas generaciones de víctimas.

Principio de reconciliación: Uno de los objetivos de la satisfacción de los derechos de las víctimas es la reconciliación de toda la ciudadanía colombiana para transitar caminos de civilidad y convivencia.

Enfoque de derechos: Todos los acuerdos a los que se llegue sobre los puntos de la Agenda y en particular sobre el punto 5 “Víctimas” deben contribuir a la protección y la garantía del goce efectivo de los derechos de todos.

Cortesía


Lo pactado en La Habana
El Sistema Integral sobre víctimas se aplicará de manera simultánea e integral a todos los que participaron directa e indirectamente en el conflicto armado, y sus decisiones ofrecerán garantías de seguridad jurídica a todos los anteriores.

El Estado colombiano tiene el deber de investigar, esclarecer, perseguir y sancionar las graves violaciones de los Derechos Humanos y las graves infracciones del Derecho Internacional Humanitario. El sistema determinará cuáles delitos son susceptibles de amnistía y cuáles no.

El componente de Justicia también se aplicará respecto de los agentes del Estado (policía y militares) que hubieren cometido delitos relacionados con el conflicto armado y con ocasión de este, aplicación que se hará de forma diferenciada, otorgando un tratamiento equitativo, equilibrado, simultáneo y simétrico.

La participación de las Farc en el Sistema Integral estará sujeta a la dejación de armas. No serán objeto de amnistía ni indulto ni de beneficios equivalentes los delitos de lesa humanidad, el genocidio, los graves crímenes de guerra, la toma de rehenes u otra privación grave de la libertad, la tortura, las ejecuciones extrajudiciales, la desaparición forzada, el acceso carnal violento y otras formas de violencia sexual.

El funcionamiento del componente de justicia dará énfasis a las necesidades de las víctimas mujeres, niñas y niños, quienes sufren de una manera desproporcionada y diferenciada los efectos de las graves infracciones y violaciones cometidas con ocasión del conflicto.

Si bien las sanciones que impondrá el Tribunal Especial para la Paz a los guerrilleros y otros actores del conflicto tendrán un fin restaurativo y de reparación -obras que beneficien a las víctimas-, los delitos graves se sancionarán con restricción de libertad y de derechos -libertad de residencia y movimiento- por un periodo que irá entre los 2 y los 8 años, dependiendo del grado de participación en el crimen.

Si fue determinante, la restricción de libertad será de entre 5 y 8 años. Si la participación en el delito no fue contundente, la sanción será de entre 2 y 5 años. El Tribunal Especial para la Paz determinará las condiciones de la restricción de la libertad y para acceder a estos beneficios será condición reparar a las víctimas y contar la verdad.
Se acordó que el Gobierno Nacional fortalecerá los procesos de reparación colectiva y garantizará que los planes y programas de la Reforma Rural Integral tengan, donde haya lugar, un enfoque reparador.

Comisiones exitosas en el mundo
En los últimos 40 años se han creado comisiones de la verdad en más de 30 países que han padecido serios conflictos. De ellos se destacan 5 en los cuáles los órganos investigativos creados al final del conflicto, lograron plantear un horizonte de paz con base en la verdad.

Comisión de la Verdad y Reconciliación del Perú (creada en 2001), investiga hechos sucedidos desde 1980 a diciembre de 2000.

Después de 12 años de dictaduras militares, las guerrillas Sendero Luminoso (Partido Comunista del Perú) y Movimiento Revolucionario Tupac Amarú, se enfrentaron al Estado peruano. Los actos violentos persistieron del 80 al 90, hasta que llega al poder Alberto Fujimori, quien ataca duramente a estos grupos con las fuerzas oficiales que, aunque replegaron a los grupos armados ilegales, cometieron crímenes contra la población civil, justificados en su lucha contra el terrorismo.

En diciembre de 2000, un mes después de que Fujimori fuera destituido por el Congreso y condenado por crímenes de Estado y corrupción (bajo el mandato transitorio de Valentín Paniagua) se aprobó el establecimiento de la comisión, inaugurada en julio de 2001 cuando Alejandro Toledo fue electo Presidente.

La comisión no solo reconoció a los pueblos indígenas como las víctimas más afectadas del conflicto sino que abrió paso para investigaciones de magnicidio, abuso sexual y tortura. Pero sobre todo, se enfrentó al gobierno saliente de Alberto Fujimori que, durante años y con las armas a su favor, se interpuso entre la verdad y la justicia.

Comisión de la Verdad y Reconciliación de Sudáfrica (Creada en 1995), investigó hechos sucedidos desde la masacre de Sharpeville, en marzo de 1960, a diciembre de 1993.

En Sudáfrica, el apartheid fue una política de Estado de segregación racial que se dio desde 1948 hasta 1992. El Partido Nacional (PN), conformado por los afrikáners (colonos blancos de origen holandés) que controlaban el gobierno, negó los derechos de participación política, salud, educación y servicios públicos a los negros. La resistencia interna y los grupos de oposición, como el Congreso Nacional Africano (Liderado por Nelson Mandela), se enfrentaron violentamente.

En 1990, cuando Mandela fue liberado después de 27 años de prisión, el ANC y el PN iniciaron negociaciones. En las primeras elecciones democráticas, en abril de 1994, el ANC salió victorioso y Mandela asumió la presidencia.

Un año más tarde se estableció la Comisión de la Verdad y la Reconciliación de Sudáfrica, la cual fue la primera que se expuso en los medios y no se quedó únicamente en las entidades judiciales y gubernamentales.

Los miembros de la comisión fueron siete negros, seis blancos, dos mestizos y dos indígenas (en total, nueve mujeres y ocho hombres). Presentó 250 recomendaciones para reparar a las víctimas de torturas, secuestros y homicidios. Entre ellas, una política para la indemnización financiera y la edificación de monumentos públicos conmemorando el sufrimiento de las víctimas.

Comisión Nacional sobre la Desaparición de personas (Creada en Argentina en 1983). Investigó hechos sucedidos desde el 24 de marzo de 1976, el inicio de la dictadura militar, hasta 1983.

El 24 de marzo de 1976, la Junta de Comandantes del ejército argentino derrocó al gobierno de Isabel Perón. En desarrollo de lo que llamó ´Proceso de Reorganización Nacional´, secuestró, torturó y asesinó a miles de personas, bajo sospecha de subversión. En 1983, el régimen militar argentina, que encabezaba Reynaldo Benito, se debilitó por la presión del pueblo, la crisis económica y la derrota militar contra Reino Unido en la guerra de Las Malvinas. Se realizaron elecciones y Raúl Alfonsín fue elegido presidente.

Durante su primera semana de mandato, en diciembre 16 de 1983, por presión de la Sociedad Civil, se creó la comisión, que en total registró 8.960 desapariciones y pudo entregar a los tribunales más de 1.086 expedientes, lo que hizo posible el juicio de nueve ex miembros de las juntas militares.

Timor Oriental: Comisión para la Acogida, la Verdad y la Reconciliación (creada en 2002), investigó hechos sucedidos desde abril de 1974 a octubre de 1999.

En 1974, Timor Oriental empezó su proceso de independencia de Portugal. En 1975 surgieron dos partidos que se disputaban el poder: Unión Democrática de Timor (UDT), apoyada por las élites tradicionales y el gobierno portugués, y el Frente Revolucionario para un Timor Oriental Independiente (FRETILIN), quienes aceptaron la ayuda militar de Indonesia para independizarse. El 7 de diciembre de ese año, el gobierno del general Radem Suharto, de Indonesia, invadió la isla y mantuvo una ocupación represiva y violenta durante 24 años hasta que los grupos de resistencia se organizaron en los 90.

La comisión llevó a cabo ocho audiencias públicas, realizó 1.048 entrevistas y recibió 7.760 testimonios de víctimas. Facilitó la reconciliación y reintegración de victimarios que cometieron crímenes menores, quienes confesaron sus actos a través del “Proceso de Reconciliación Comunitaria” y recomendó medidas para prevenir futuros abusos y trazó los lineamientos para reparar a las víctimas.

Comisión de La Verdad de El Salvador (Creada en 1992), investigó hechos sucedidos desde 1980 hasta 1990.

La guerra civil en El Salvador empezó en 1972 cuando los militares llegaron al poder -mediante fraude electoral- con el Partido de Conciliación Nacional (PNC). El contrincante Unión Nacional Opositora (UNO) y diferentes movimientos de izquierda, se armaron para luchar contra la dictadura. En 1980, después de casi una década de dictadura, las guerrillas, los grupos políticos de izquierda, los campesinos y los sindicatos, se unieron para formar el grupo armado Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN).

En 1990 ambas partes aceptaron la intervención de Naciones Unidas para mediar en la resolución del conflicto armado y firmaron el 16 de enero de 1992, los Acuerdos de Paz de Chapultepec (México). En ellos se ordenó la creación de la Comisión de la Verdad, que por primera vez en la historia del país, recogió y denunció los crímenes cometidos por militares y funcionarios logrando que se pidiera la destitución y renuncia de algunos.


Según la comisión, la guerra dejó 75.000 muertos, en su mayoría civiles. De los 22 mil testimonios documentados, el 60% involucraban ejecuciones extrajudiciales y el otro 40% desapariciones y torturas. El 85% de los crímenes fueron atribuidos al Estado y se cometieron, en su mayoría, en zonas rurales. Otro 5% de los crímenes fueron obra del FMLN. El porcentaje restante aún se desconoce.

miércoles, 26 de agosto de 2015

JUSTICIA TRANSICIONAL, LA JUSTICIA COMO PRODUCTO DE UN ACUERDO DE PAZ

Muchos son los reparos que se hacen constantemente al proceso de paz que se desarrolla en La Habana entre el gobierno colombiano y los voceros de la guerrilla de las Farc. Entre esos muchos reparos está el de las penas que pagarán los cabecillas guerrilleros por sus crímenes, bajo el concepto de la Justicia Transicional, tema del que nos ocuparemos en este escrito.

Antes de abordar de lleno este punto, es procedente recordar que lo que se desarrolla en La Habana es un proceso político, como salida a un conflicto armado de casi 60 años y que justamente por la vía de las armas no ha tenido solución, pues ni el ejército nacional y la policía (en representación del Estado y la institucionalidad colombiana) han sido capaces de acabar con el grupo insurgente, ni éste ha sido capaz de tomar el poder por la vía de las armas, que es su objetivo primordial.

Acerca del esfuerzo del gobierno por acabar con la guerrilla, hay que reconocer los contundentes golpes dados por el gobierno del presidente Uribe y al comienzo del mandato del presidente Santos[1], que indiscutiblemente le quitaron poder estratégico y militar a las Farc, y por decirlo de alguna manera, pusieron a esa guerrilla en posición de negociar, es decir, la debilitaron y diezmaron sus filas; pero no la acabaron; por eso lo que sus cabecillas están haciendo en Cuba es negociar, no se están rindiendo.

Por el lado de la guerrilla, hay que decir que, aunque con la ´gasolina´ del narcotráfico se fortaleció mucho económicamente, lo que a su vez aumentó su capacidad desestabilizadora, representada en los daños que permanentemente ocasiona a la infraestructura energética del país  -torres de energía y oleoductos-, en todos estos años no ha estado ni siquiera próxima a lograr su objetivo de llegar al poder por la vía armada. Quisiera interpretar que las Frac se han dado cuenta de ese hecho, lo que sumado a los duros golpes propinados por el Estado, puso a esa guerrilla -como ya dije- en posición de negociar, pues cuando uno está fortalecido no negocia sino que sigue convencido de que es capaz de lograr su objetivo y cuando está derrotado tampoco lo hace, sino que se rinde.
 
Cortesía Fuerza Aérea Colombiana
Claramente en el caso de las Farc no ha ocurrido ni lo uno ni lo otro, ni ha sido derrotada ni tiene la capacidad de tomarse el poder por la fuerza, mientras que el Estado no está en capacidad de acabar con la subversión -pese  la gran cantidad de dinero que invierte en armamento e inteligencia- ni tampoco de impedir las acciones terroristas de las Farc contra los bienes estatales y que incluso -en no pocas ocasiones- afectan la vida y bienes de la población civil.

Al no haber posibilidad de solución por la vía militar, el diálogo y la negociación a través de él, parece ser el mecanismo más indicado para solucionar un conflicto que durante décadas ha desangrado al país. Ahora bien, es menester tener presente que esa negociación, se da entre iguales -desde lo político- y no entre la legalidad (el Estado) y la ilegalidad (la guerrilla), aunque al final se debe buscar un cierre de carácter jurídico para que tenga validez ante el pueblo colombiano. En este sentido las Farc insisten en una constituyente y el gobierno ha hablado de un referendo y más recientemente del llamado ´Congresito’; pero no me quiero detener en este punto que puede ser objeto de un análisis posterior.

Al punto que quiero llegar -teniendo siempre presente que el proceso de paz es una negociación política- es el de las penas que deben pagar los guerrilleros por su acciones delictivas. Es justamente aquí donde entra el concepto de Justicia Transicional[2], que sirve para hacer la transición de un conflicto armado  -interno o externo- hacia un ambiente de postconflicto que pretende aclimatar la paz, sin impunidad y con un proceso de verdad y reparación para el resarcimiento de las víctimas,  muchas veces más desde el punto de vista moral que económico.  

Es decir, ha habido desde entonces un desarrollo conceptual y jurídico de la justicia de transición, con énfasis en la protección de los derechos humanos, la verdad y la reparación, pero no se puede perder de vista que se trata de penas alternativas que surgen de la mesa de negociaciones y que por lo tanto -como en este caso con las Farc- el código penal y la justicia ordinaria colombiana, quedan al margen. Así las cosas, se debe igualmente tener presente que se establecen penas mucho menores a las previstas en el ordenamiento jurídico normal e incluso muchas veces sin que impliquen confinamiento intramural en establecimiento carcelario. Dicho en otras palabras, los colombianos deben estar preparados para que los cabecillas de las Farc no paguen las penas contempladas en el código penal colombiano, lo cual puede causar indignación a muchos, empezando por los militantes del Centro Democrático.

Sin embargo, también se debe tener presente que el enfoque garantista de los derechos humanos de la Justicia Transicional, permitió -como elemento innovador-, el desarrollo de comisiones de la verdad[3], las cuales se han convertido en un símbolo de ese sistema de justicia. En los últimos años se han visto las propuestas de comisiones de verdad y reconciliación en zonas de conflicto del Medio Oriente con la esperanza de concretarse en países como Israel, Irak, Líbano y las regiones kurdas; así como también en los Balcanes y Ruanda (África). En el caso colombiano, en la negociación entre el gobierno y las Farc, ya está acordada la conformación de una comisión de la verdad (Se va  llamar Comisión para el esclarecimiento de la verdad, la Convivencia y la No repetición), lo cual se debe producir una vez se concluya la negociación y se produzca el cese bilateral del fuego.

En consecuencia, la  justicia transicional no es un tipo especial de justicia sino una forma de abordarla en el proceso de  transición de una situación de conflicto o de represión por parte del Estado, a una situación de paz y tranquilidad.  Como trata de  conseguir la rendición de cuentas y la reparación de las víctimas, la justicia transicional proporciona a las víctimas el reconocimiento de sus derechos, lo que puede ayudar a que aumente la confianza ciudadana y al fortaleciendo el Estado de derecho.

El Centro Internacional para la Justicia Transicional[4] destaca la importancia de este tipo de justicia coyuntural en el hecho de que cuando se cometen violaciones masivas de los derechos humanos, las víctimas tienen el derecho -oficialmente reconocido- a ver castigados a los autores de los mismos, a conocer la verdad y a recibir reparaciones.

Y, “como las violaciones de derechos humanos sistemáticas no solo afectan a las víctimas directas sino al conjunto de la sociedad, además de cumplir con esos compromisos los Estados deben asegurarse de que las violaciones no vuelvan a suceder, y, en consecuencia, deben especialmente reformar las instituciones que estuvieron implicadas en esos hechos o fueron incapaces de impedirlos”[5].

Elementos de una política de justicia transicional integral
Aclarando que no se trata de una lista cerrada, pues cada país va incorporando nuevas medidas, y que pese a que las medidas de justicia transicional tienen sólidos compromisos jurídicos y morales, los medios para satisfacerlos son muy diversos, por lo que de modo que no hay una fórmula única para todos los contextos, el Centro Internacional para la Justicia Transicional, considera que los siguientes son los elementos mínimos que componen las políticas de justicia transicional,
·                     Las acciones penales, sobre todo contra los criminales considerados de mayor responsabilidad.
·                     Las reparaciones que los gobiernos utilizan para reconocer los daños sufridos y tomar medidas para abordarlos. Esas iniciativas suelen tener un componente material (como los pagos monetarios o los servicios sanitarios), así como aspectos simbólicos (como las disculpas públicas o en el caso colombiano, las casas de la memoria).
·                     La reforma de instituciones públicas implicadas en los abusos -como son las fuerzas armadas, la policía y los tribunales-, con el fin de desmantelar, con los procedimientos adecuados, la maquinaria estructural de los abusos y evitar tanto la repetición de violaciones de derechos humanos graves como la impunidad.
·                     Las comisiones de la verdad u otras formas de investigación y análisis de pautas de abuso sistemáticas, que recomiendan cambios y ayudan a comprender las causas subyacentes de las violaciones de derechos humanos graves.

Como dice Hernando Gómez Buendía, la Justicia Transicional no es un capricho sino un sistema jurídico sofisticado y respetable que se apoya sobre las concepciones más avanzadas de la criminología y del derecho penal. Sn embargo, reconoce que esas concepciones avanzadas “tienden a ser más benévolas que las que siguen inspirando la justicia ordinaria, y esto nos pone ante la paradoja de proponer una justicia doblemente menos dura o menos rígida para los autores de los peores delitos”[6].
Cortesía Ministerio del Interior


No se castiga todo y el castigo es menor
La Justicia Transicional tiene como objetivo castigar crímenes graves, como el genocidio, los crímenes de lesa humanidad y los de guerra, pero pretende castigar a los máximos responsables, no necesariamente a todos los autores, porque cualquier aparato judicial del mundo -por eficaz que sea- sólo puede probar y sancionar una mínima cantidad de los delitos, por eso como herramienta explícita de política criminal -dentro de la Justicia Transicional- hoy se utiliza la priorización, que deliberadamente implica no investigar ni sancionar muchos delitos.

Este sistema judicial transicional -como ya se dijo- suele imponer menos años de cárcel por los delitos que la justicia ordinaria y dentro de él cobra mucha vigencia el concepto de alternatividad penal, porque “nadie depone las armas para irse a la cárcel”, como bien lo han planteado los cabecillas del Secretariado de las Farc. De modo que  -como lo anota Buendía en su artículo- “la alternatividad debería también comenzar por los delitos menos graves en lugar de los más graves”.

Además, la Justicia Transicional busca que se conozca toda la verdad sobre el conflicto, que los culpables y responsables (incluido el Estado que falló en la protección de los connacionales) restituyan integralmente a cada una de las víctimas, pero además que, cada colombiano tenga la garantía de que el horror se acabó para siempre y no se volverá a repetir, responsabilidad que no sólo le cae al Estado, sino a los guerrilleros  reinsertados a la Sociedad Civil. De ahí que en este sofisticado sistema judicial se habla de verdad, reparación y no repetición”, que incluso -como valores- pueden ser incluso más  importantes que la misma justicia, aunque no la pueden reemplazar, por eso la Justicia Transicional debería tener una mínima atenuación frente a la justicia ordinaria.




[1] Con Santos como su ministro de Defensa, Uribe dio contundentes golpes a las Farc, siendo una de las más significativas la baja de uno de sus cabecillas, Raúl Reyes, el 1 de marzo de 2008 en territorio ecuatoriano. Ya presidente, el gobierno de Santos dio muerte a Víctor Julio Suárez Rojas, alias Jorge Briceño Suárez o “Mono Jojoy",  abatido el 22 de septiembre del 2010 en un bombardeo a uno de sus campamentos en La Macarena (Meta), y a Guillermo León Sáenz Vargas, alias ‘Alfonso Cano’, el 4 de noviembre del año 2011, en un bombardeo de la Fuerza Aérea en el sur del país.
[2] El término se origina en el período de postguerra de la Segunda Guerra Mundial con la creación del Tribunal Militar Internacional de Núremberg y los juicios a los soldados japoneses. El concepto ganó fuerza y coherencia en la década de 1980.
[3] Empezando con Argentina (1983), Chile (1990) y la más popular que es la de Sudáfrica (1995).
[4] Organismo que trabaja en más de 30 países del mundo, dando a conocer experiencias de otras latitudes, aportando capacidad técnica y desarrollando nuevos conocimientos gracias a colaboradores locales.

jueves, 11 de junio de 2015

SÓLO ALCANCES PARCIALES EN LO ACORDADO HASTA AHORA EN LA HABANA

Luego de tres años de conversaciones, con las vicisitudes propias de dialogar en medio del conflicto, la mesa de negociaciones entre el gobierno colombiano y las Farc en La Habana, parece dar muy buenos resultados,  especialmente con el anuncio de la semana pasada sobre la creación de una comisión de la verdad.

Positiva fue también, como resultado del ciclo 36, la instalación de la Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas, encargada de investigar sobre los orígenes y responsabilidades del conflicto colombiano (que será un gran apoyo para la comisión de la verdad) y la celebración de tres audiencias con delegaciones de víctimas en La Habana.

No obstante, el optimismo que genera este importante anuncio, que se produce en medio de una escalada violenta de las Farc y la consecuente reacción de las Fuerzas Armadas de Colombia, no deja de tener un alcance parcial, como otros acuerdos alcanzados hasta el momento.

Comisión de la Verdad
En los últimos 40 años se han creado comisiones de la verdad en por lo menos 30 países que han vivido serios conflictos y en muchos casos, como El Salvador, Argentina, Sudáfrica y Perú[1], han funcionado de manera adecuada.

Por eso no deja de ser esperanzador para el país el anuncio del gobierno de Colombia y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), el jueves de la semana pasada, de que acordaron la creación de una comisión de la verdad para ´ esclarecer´ y ´explicar´ el conflicto que padecemos desde hace más de medio siglo.

Cortesía CNN Español

La comisión -anunciada al final del ciclo 37 de las negociaciones que comenzaron en 2012- será imparcial, independiente, con plena autonomía; será excepcional y funcionará durante un tiempo limitado, indica el comunicado conjunto del gobierno y las Farc. Tendrá una duración de tres años “incluyendo la elaboración del informe final” y “contará con 6 meses para preparar todo lo necesario para su funcionamiento”.

Repito, es esperanzador porque hay ejemplos concretos en el mundo de que estas comisiones funcionan, pese a la ardua tarea que deben desarrollar, pero no deja de ser un logro parcial en la mesa. Pareciera que dado el incremento de las acciones ofensivas dentro del conflicto, tras la terminación del cese unilateral del fuego por parte de las Farc y la reanudación de los bombardeos por parte del gobierno, las partes se hubiesen puesto de acuerdo en anunciar la creación de la comisión para tranquilizar a la opinión pública nacional e internacional,  pues la conformación de dicha comisión está supeditada a que se culmine la negociación de paz.

Es decir, todavía su conformación se demora ya que debe esperarse el final feliz de las negociaciones de La Habana.

Eso es lo quedó acordado en ese importante ítem. Demos un vistazo ahora a lo que acordó en otros aspectos, para luego mirar lo que está pendiente.

Política de Desarrollo Agrario Integral
Este acuerdo tiene cuatro pilares, el primero de los cuales es el acceso y el uso de la tierra, en el cual se acordó la creación de un Fondo de tierras de distribución gratuita para los campesinos sin tierra o con tierra insuficiente. Pero no se trata sólo de entregarle tierra al que no tiene, sino de darle “acceso integral”: que la tierra esté acompañada de riego, crédito, asistencia técnica, y apoyo para la comercialización, entre otros.

 El acceso a la tierra incluye también ofrecer un subsidio integral y crédito especial para la compra de tierra, así como garantizar derechos de propiedad. Se acordó impulsar un plan masivo de formalización de la pequeña y mediana propiedad, y la creación de una jurisdicción agraria para asegurar la protección judicial eficaz a los derechos de propiedad de los campesinos y de todos los habitantes del campo.. El Gobierno definirá lineamientos generales de uso del suelo que tengan en cuenta su vocación y pondrá en marcha programas de reconversión.

También se acordó la delimitación la frontera agrícola y la protección de las áreas de especial interés ambiental, con el fin de avanzar en un plan de zonificación ambiental que haga compatible el interés de preservación con las alternativas económicas de las comunidades y de desarrollo del país y promueva diferentes planes de desarrollo que contribuyan a la preservación ambiental

El segundo pilar es el establecimiento de programas especiales de desarrollo con enfoque territorial. Se trata de reconstruir las regiones más afectadas por el conflicto y la pobreza con verdaderos planes de desarrollo que transformen esos territorios, garanticen derechos y faciliten la reconciliación. Se construirán de manera participativa planes de acción para la transformación regional. Un tercer pilar son los planes nacionales que deberán lograr una reducción radical de la pobreza y la eliminación de la pobreza extrema. Estos planes están orientados a proveer bienes y servicios públicos en infraestructura (vías, distritos de riego, electricidad, conectividad), desarrollo social (planes especiales de salud, educación, vivienda y agua potable para el campo,) y estímulos de todo tipo a la productividad de la agricultura familiar (asistencia técnica, promoción del cooperativismo, líneas especiales de crédito, seguros subsidiados de cosecha, asociaciones solidarias para la comercialización, entre otros) y a la formalización laboral.

El cuarto y último pilar es un sistema especial de seguridad alimentaria y nutricional tendiente a fortalecer los mercados locales y regionales, mediante campañas para un manejo adecuado de alimentos por parte de las familias y se aplicarán programas especiales contra el hambre. E crearán consejos de seguridad alimentaria y nutricional en todos los niveles territoriales y se pondrá en marcha toda una institucionalidad para mejorar la seguridad alimentaria de las comunidades.

 Participación Política
En este aspecto el acuerdo está construido sobre tres pilares. El primero es una nueva apertura democrática que promueva la inclusión política como mecanismo para consolidar la paz, luego de la terminación del conflicto. Se trata de facilitar la creación de nuevos partidos políticos, sin poner en riesgo los avances en la consolidación del sistema de partidos. Se acordó hacer los cambios necesarios para desligar la obtención y conservación de la personería jurídica del requisito de la superación del umbral para elecciones de Congreso, y facilitar de manera transitoria apoyos por parte del Estado para las nuevas fuerzas que aparezcan.

Se acordó además, la creación de Circunscripciones Transitorias Especiales de Paz en las regiones más golpeadas del conflicto. Los habitantes de estas regiones podrán elegir, durante la fase de transición y de manera temporal, representantes a la Cámara adicionales con unas reglas especiales. (El número de regiones, curules y periodos electorales aún no se han acordado). Para ello se acordaron unas medidas especiales para promover el voto. Esto también exige el. Por último, se acordó poner en marcha medidas para la participación de la mujer y promover una cultura democrática de tolerancia en el debate político.

Cortesía Revista Semana

El segundo pilar es una mayor participación ciudadana para consolidar la paz, en el espíritu de la Constitución del 91. Para ello se acordaron toda una serie de medidas: el desarrollo de una Ley de Garantías para las organizaciones y movimientos sociales; medidas para promover una cultura de tolerancia, no estigmatización y reconciliación; garantías para la protesta social, tanto para quienes se manifiesten como para los demás ciudadanos; promoción de espacios en medios de comunicación institucionales, regionales y comunitarios, para dar a conocer las actividades de las diferentes organizaciones de la sociedad civil; revisión de todo el sistema de participación ciudadana en los planes de desarrollo, en particular del funcionamiento de los Consejos Territoriales de Planeación; fortalecimiento de la participación en la construcción de políticas públicas y fortalecimiento del control ciudadano a la gestión pública mediante la promoción de veedurías y observatorios de transparencia en todas las regiones.

El tercer pilar -y la idea fundamental del fin del conflicto- es asegurar que se rompa para siempre el vínculo entre política y armas. Es decir, que nadie nunca más utilice las armas para promover una causa política y que quienes han dejado las armas para transitar a la política tengan todas las garantías de que no serán objeto de la violencia.

El objetivo es que quienes ejercen la política tengan la seguridad que no serán víctimas de las armas y para ello se acordó que el Gobierno establecerá un Sistema Integral de Seguridad para el ejercicio de la Política en un marco de garantías de los derechos y libertades. Un sistema similar de garantías de seguridad para líderes de organizaciones y movimientos sociales y defensores de derechos humanos en situación de riesgo. Y se promoverá la discusión con amplia participación y la expedición de un Estatuto para la Oposición.

Solución al problema de las  drogas ilícitas
El acuerdo sobre drogas tiene cuatro componentes básicos. El primero se centra en la sustitución y erradicación de los cultivos ilícitos. Se fijan las bases de un Nuevo Programa de Sustitución de Cultivos Ilícitos y Desarrollo Alternativo de alcance nacional. Se trata de forjar una nueva alianza entre las comunidades y las autoridades nacionales, departamentales y municipales para resolver los problemas de las comunidades. También se pondrán en marcha planes de asistencia inmediata para los cultivadores. En los casos donde algunos cultivadores incumplan sus compromisos o no quieran participar en el Programa, el Gobierno erradicará los cultivos de forma manual.

Para lograr eficacia y éxito en este aspecto acordó un programa de desminado de las áreas del territorio nacional, al que las Farc también contribuirán con la provisión de información, entre otros. Un plan piloto de este programa ya se adelanta en los departamentos de Antioquia y Meta.

En el acuerdo se reconoce que el tema del consumo de drogas ilícitas, es una cuestión de salud pública que requiere un tratamiento prioritario y por eso se acordó crear por una parte un Programa Nacional de Intervención Integral frente al Consumo de Drogas Ilícitas que articule a las autoridades para prevenir y abordar el problema del consumo y manejar las variables en él involucradas, política que debe ser participativa; y por otra, un “Sistema Nacional de Atención al Consumidor de Drogas Ilícitas que incluya acciones complementarias de rehabilitación e inserción social”.

Se acordó una estrategia integral para reforzar y ampliar la lucha contra el crimen organizado, en especial en las regiones. El Gobierno se comprometió a “intensificar la lucha contra el crimen organizado y sus redes de apoyo en el marco del fin del conflicto (…) y en general de desarticular las redes de estas organizaciones”. Con ese fin pondrá en marcha una estrategia de política criminal y una nueva estrategia contra los activos involucrados en el narcotráfico y el lavado de activos en todos los sectores de la economía, así como contra el tráfico de insumos.

 Temas gruesos pendientes
Del más reciente acuerdo en la mesa negociación de La Habana, es decir, de la Comisión de la Verdad, queda pendiente saber –lo cual se hará cuando se llegue al acuerdo final- quienes serán sus once miembros, que serán elegidos,  “por un comité de escogencia compuesto por 9 integrantes”. El Gobierno y las Farc, de común acuerdo, seleccionarán -a través del mecanismo que definan-  a 6 de los integrantes del comité de escogencia y los 3 restantes serán los delegados de 3 personas u organizaciones que acuerden en la mesa.

Hay que agregar que para cumplir su loable labor de conocer la verdad histórica, la comisión deberá hacer un esfuerzo titánico porque debe abarcar por lo menos medio siglo, así como todo el territorio nacional y a todos los que participaron en el conflicto, lo cual hará que su tarea no esté exenta de grandes dificultades.

Además, los comisionados -que deben tener una conducta moral intachable- escarbarán en la memoria de las víctimas y combatientes, hurgarán en la historia y rastrearán en el territorio para intentar esclarecer los hechos de manera profunda y satisfactoria para todas las partes. Recogerán experiencias, pero no declaraciones jurídicas; emitirán recomendaciones, pero  no juicios e intentarán reconciliar y no castigar, con el fin de garantizar la no repetición del conflicto. Sin embargo, no pueden ni deben reemplazar los mecanismos de justicia que permitan la sanción, aunque no sea proporcional, de los crímenes de guerra y de lesa humanidad.

Del punto referente a la Política de Desarrollo Agrario Integral, quedaron en el congelador, pendientes de tratar los siguientes temas: Latifundio y delimitación de la propiedad, freno a la inversión extranjera, extracción minero-energética y conflictos de uso del territorio, regulación de la explotación del territorio para la generación de agro-combustibles, revisión y renegociación de los Tratados de Libre Comercio contra la economía, ajustes al Ordenamiento Territorial, financiación de la política de Desarrollo Rural y Agrario Integral, cuantificación del fondo de tierras, creación del Consejo Nacional de la Tierra y el Territorio, y definiciones sobre el derecho real de superficie, aspectos en los cuales ha sido persistente la delegación de las Farc.

En el punto de la participación política está pendiente  la revisión, reforma y democratización del sistema político electoral, la revisión y reforma de mecanismos de participación ciudadana, así como la proscripción del tratamiento militar a la movilización y protesta, desmantelamiento del ESMAD, en lo que han sido insistentes las Farc, como también en la elección popular del Procurador, el Contralor, el Fiscal General y el Defensor del Pueblo.

En cuanto a la creación de Circunscripciones Transitorias Especiales de Paz en las regiones más golpeadas del conflicto, quedó pendiente establecer el número de regiones, curules y periodos electorales para que los habitantes de estas regiones elijan, durante la fase de transición y de manera temporal, representantes a la Cámara adicionales.

Quedó igualmente en el tintero el establecimiento de una política criminal contra las drogas ilícitas y reparación integral de las víctimas afectadas por las aspersiones aéreas con glifosato, cuya suspensión se producirá en los próximos meses, según reciente anuncio del gobierno nacional. Igualmente, están pendientes, la transformación estructural del sistema de salud pública que permita encuadrar el desarrollo del programa de prevención y consumo y la realización de una Conferencia Nacional sobre política de lucha contra las drogas.
El cese bilateral es otro asunto espinoso que no ha tenido desarrollos concretos. Las Farc han declarado en cuatro ocasiones un cese unilateral del fuego y en esa dirección, han solicitado la misma respuesta del gobierno colombiano, pero presidente Juan Manuel Santos ha insistido en que no habrá un cese bilateral del fuego hasta que no se firme el acuerdo final.   

Entre los asuntos pendientes con mayor incidencia sobre la agenda pública están el tratamiento jurídico para los ex combatientes de las Farc y la definición y trámite del mecanismo para la refrendación ciudadana de los acuerdos.

Sobre el primer aspecto el gobierno reconoce que serán decisivos los acuerdos en La Habana, pero que la aprobación de la ley estatutaria respectiva corresponde al Congreso, mientras que la Corte Constitucional aprobó la inhabilidad para participar en política de responsables de “crímenes de lesa humanidad y genocidio, cometidos de manera sistemática”.

Sin embargo, como lo explicó el Fiscal General y han defendido distintos sectores, es necesario facilitar la participación política de los ex guerrilleros que se acojan  a los acuerdos de paz. En ese sentido, es de esperarse un marco jurídico que habilite una especie de amnistía que excluya a algunos responsables de los más graves crímenes y a los principales responsables directos, al mismo tiempo que establece exigencias de verdad histórica y reparación simbólica de las víctimas.

Sobre la refrendación ciudadana de los acuerdos, el gobierno es partidario de un plebiscito o un referendo, mientras que los negociadores de las Farc han insistido en la conformación de una asamblea nacional constituyente, una consulta popular u otra forma de apelación al constituyente primario.

Tal vez el gran desafío para los negociadores, a parte de concretar los aspectos pendientes de los puntos acordados, es precisamente establecer el mecanismo de refrendación que respalde los acuerdos, les de legitimidad política, posibilidad de aplicación y seguridad jurídica.




[1] Ver publicación de las 2 Orillas al respecto. Disponible en http://www.las2orillas.co/cinco-comisiones-de-la-verdad-exitosas/