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miércoles, 3 de febrero de 2016

Nordeste minero antioqueño, el otro “Dorado”: (II) Las ideas políticas y presencia de grupos al margen de la ley con la consecuente reacción militar

En el primer artículo de esta serie sobre el Nordeste minero antioqueño se hizo la caracterización geográfica y económica de la zona. En esta ocasión nos ocupamos del aspecto político, para mirar cómo fueron germinando inicialmente las ideas liberales en algunas regiones como el Nordeste y posteriormente, a comienzos del siglo XX, las ideas de izquierda.

Según el historiador Jorge Orlando Melo[1], despuntando la república, Antioquia era predominantemente una región conservadora, aunque con zonas liberales como Rionegro, El Retiro, las áreas mineras del Nordeste y las de nueva colonización como Urabá y Puerto Berrío.

En el caso del Nordeste, a comienzos del siglo XX empezaron a florecer ideas de izquierda alentadas por líderes como María Cano,  Ignacio Torres Giraldo y Raúl Eduardo Maecha. Después de terminado el Frente Nacional, poblaciones mineras como Segovia y Remedios reanudaron desde 1972 sus preferencias por las ideas de izquierda[2],  las cuales se hicieron evidentes en las elecciones de 1986 y 1988, cuando ganó la Unión Patriótica (UP), nacida de los acuerdos de paz entre el gobierno y las Farc.



Fue justamente en 1988,  cuando, como represalia de los grupos paramilitares y los caciques políticos liberales de la región, se produce una de las masacres más atroces de la historia violenta reciente de Colombia y de Antioquia, la de Segovia, ocurrida el 11 de noviembre de ese año[3]. Hay que anotar que 1988 se conoce precisamente como el año de las masacres, con un total de 60 en el país, 10 de ellas perpetradas en Antioquia. Después de ese año, aunque el Partido Liberal recobró el poder en Segovia y el Nordeste minero, la violencia no desapareció[4].

El Grupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Conciliación (CNRR) definió como un caso emblemático el proceso de violencia de la subregión minera (Remedios y Segovia), durante el período comprendido entre los años 1982-1997, caracterizado por los profundos cambios políticos e ideológicos del conflicto armado y sus diversas manifestaciones violentas: “(…) que condujeron a la aniquilación  de una verdadera cultura democrática y donde los mecanismos de victimización persistentes han sido las masacres de grandes dimensiones e impactos.”[5]

Un completo estudio del Instituto de Estudios Regionales de la Universidad de Antioquia[6] precisa que ya para el periodo 2004-2007 fueron elegidos movimientos de carácter cívico por fuera de los dos partidos tradicionales. Sin embargo, la violencia siguió presente. Según la revista Noche y Niebla[7] entre 1997 y 2003, hubo en la región 346 acciones violentas, 201 de ellas atribuidas a la guerrilla (165 del ELN, 15 de las Farc, 10 en compañía y 11 sin especificar), 115 a los paramilitares y 74 al Ejército.

Precisa el INER en su estudio que el Estado inauguró su presencia militar en el Nordeste en la década de 1960 en respuesta a la presión de grupos económicos (medianos ganaderos, paneleros y compañías mineras). En los años 1973 y 1974 el Ejército (Brigada V de Bucaramanga)  llevó a cabo la Operación Anorí (I y II) en contra del ELN, en la cual fueron abatidos sus cabecillas, los hermanos Fabio y Manuel Vásquez Castaño. Luego la organización guerrillera se reagrupó y formó tres frentes para operar en Remedios, Segovia y Yalí.

En 1975 el gobierno instaló el batallón Miguel Antonio Caro y a finales de ese año se creó la base militar del batallón Bomboná. En los años 90 la región pasó de la jurisdicción de la V Brigada de Bucaramanga a la IV Brigada de Medellín.

En 1982 comenzó a operar el MAS, Muerte a Secuestradores, un grupo paramilitar que actuaba siguiendo órdenes del Batallón Bomboná, según demostraron investigaciones posteriores. En este periodo son perpetradas las primeras masacres del Nordeste -como lo reseñamos al comienzo- en Remedios y Segovia.

Dada la crítica situación de orden público que se presentaba en las regiones del Magdalena Medio y Nordeste antioqueños, por disposición No 004 del Ministerio de Defensa del 17 de marzo, el 3 de abril de 1983 empieza a operar la Decimocuarta Brigada del Ejército, con sede en Puerto Berrío y con jurisdicción en el Nordeste antioqueño y el Magdalena medio colombiano (Antioquia, Santander y Boyacá). Ya en 1990 se reforzó la seguridad en la zona con la Brigada Móvil número 1, el batallón Rifles y el Cuerpo Élite de la Policía y en 1991 se incorporó la Brigada Móvil número 2.

Pero la soberanía del Estado seguía siendo disputada por grupos como el ELN y el EPL (que se desmovilizó en los años 90) y los guerrilleros de las Farc, que precisamente habían llegado al Nordeste y Bajo Cauca procedentes del Magdalena Medio con el fin de apoyar al ELN, debilitado tras la operación Anorí .



Las Farc se dieron a conocer en 1981 con el asalto al principal comprador de oro de la región y el secuestro y posterior asesinato -pese al pago de una recompensa de 10 millones- del hacendado Jesús Antonio Castaño González (Padre de Vicente, Fidel y Carlos), lo que después originó un gran movimiento paramilitar en la zona, cometiendo las masacres ya mencionadas y gran cantidad de muertes selectivas.

Sin embargo, fue la voladura del oleoducto de Machuca en el corregimiento Fraguas de Segovia, lo que provocó la represalia paramilitar contra el ELN, con la creación del Bloque Héroes de Machuca, adscrito a las Autodefensa Unidas de Colombia, AUC.

Las autodefensas, creadas en 1982 por los Castaño para perseguir con el Ejército a la guerrilla que había asesinado a su padre, tenían al comienzo una baja capacidad militar, reducida a hacer inteligencia en las cabeceras municipales. La ayuda militar, apoyo logístico y entrenamiento del ejército de Puerto Berrío (XIV Brigada), “ampliaron su radio de acción y generaron el respaldo de ganaderos del Magdalena Medio para sostener a sus hombres hasta que lograron aliarse con el narcotráfico, lo que les ayudó a consolidarse”[8].

En 1988 apareció el Grupo Muerte a Revolucionarios del Nordeste (MRN) que al mando de Fidel Castaño perpetró la masacre de 46 personas en Segovia[9]; en 1991 aparecen las Autodefensas del Nordeste Antioqueño, Ana; en 1994 la Fuerza del Pueblo en Acción; en 1996 Muerte a Comunistas y Guerrilleros (Macogue); en 1997 el grupo de Autodefensas del Nordeste, Gan.

En el próximo artículo nos ocuparemos de otros problemas asociados a la explotación aurífera, empezando por el de la legalidad/ilegalidad de la actividad minera.




[1] Melo, Jorge Orlando. Progreso y guerras Civiles entre 1829 y 1851. En “Historia de Antioquia”. Medellín. Suramericana de Seguros, noviembre de 1988. pp- 101-116.
[2] En 1980 el Partido Comunista organizó en Segovia la Juventud Comunista, Juco.
[3] La matanza se inició cuando varios paramilitares armados y encapuchados ocuparon en medio de la oscuridad y el silencio de la noche la plaza central de la población, tras intimidar y reducir  a la alcaldesa y su equipo de gobierno,  luego recorrieron a pie el pueblo con lista en mano y asesinaron  en total a 46 personas (36 hombres y 10 mujeres, de los cuales 4 eran menores de edad y uno era adulto mayor). Otras 60 personas resultaron heridas.
[4] Hay que decir, que masacres anteriores se habían registrado desde comienzos de la década del 80.
[5] http://www.semanaporlamemoria.com, 15 nov-dic 15 de 2011, resumen ejecutivo. Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación (Grupo Memoria Histórica).
[6] Publicado en el año 2007 y dirigido por la investigadora Clara Inés Aramburo Siegert. 
[7] http://www.nocheyniebla.org. Banco de datos de derechos humanos y violencia Política del Cinep. 
[8] Aramburo Siegert, Clara Inés, et al. (2007). Nordeste Desarrollo regional: una tarea común Universidad-Región. Instituto de Estudios regionales, Iner, Universidad de Antioquia. 
[9] En mayo de 2013, el ex presidente de la Cámara de Representantes y ex diputado de Antioquia, César Pérez García, fue sentenciado por la Corte Suprema a 30 años por ese crimen, cometido por los paramilitares del Magdalena Medio y de Urabá en noviembre de 1988.

jueves, 4 de junio de 2015

LA DISPUTA POLÍTICA EN COLOMBIA ES MÁS DE FACCIONES QUE DE PARTIDOS

Lo que sucedió el viernes de la semana pasada durante la convención del Partido Conservador en Antioquia para escoger candidato único de la colectividad azul a la gobernación del departamento, es una muestra fehaciente de que los partidos políticos en Colombia se mueven más por intereses burocrático-electorales representados por diferentes grupos o facciones en su interior, que por idearios colectivos que apuntan al bien común.

Como es bien sabido, un acuerdo a última hora entre las dos fuerzas políticas más poderosas del Partido Conservador en Antioquia, encabezadas por las senadoras Olga Suárez Mira (Bello) y Nidia Marcela Osorio (Itagüí) le permitió a la administradora de empresas, Eva Inés Sánchez, imponerse como candidata única de esa colectividad a la Gobernación de Antioquia.

El Partido Conservador, que no llega al cargo departamental desde 1998 cuando ganó con Alberto Builes Ortega, al parecer tiene un acuerdo con la Unidad Nacional, que encabeza el propio Presidente Santos, para que la señora Sánchez, después de ungida por la colectividad azul, decline posteriormente a su aspiración y adhiera a la candidatura de Luis Pérez Gutiérrez, a cambio de recibir la Contraloría General de Antioquia. La estrategia de los grupos conservadores de Bello e Itagüí, de paso dejó en el camino a César Eugenio Martínez, afecto al Centro Democrático con el que haría alianza si fuese elegido candidato único del conservatismo, para luego declinar también y apoyar a Liliana Rendón Roldan, la candidata de Uribe a la Gobernación de Antioquia.

Estas estratagemas políticas -y otras que seguramente se producirán en las próximas semanas- son muestra de que los partidos políticos en Colombia no tienen coherencia ideológica, no están cohesionados por unos ideales o alrededor de un líder –salvo el Centro Democrático con Uribe- y se mueven más por intereses burocráticos individuales o de grupos minoritarios al interior de las colectividades.

Aunque algunos analistas consideran que históricamente los partidos tradicionales en Colombia -Liberal y Conservador-, han actuado sobre la base de intereses personales y divididos a su interior[1], a nuestro juicio las reformas al sistema de partidos en Colombia (2006 y 2010) en vez de posibilitar la aparición de nuevos partidos -que si los ha habido como el Partido de la U, el Verde y el Centro Democrático-, lo que han propiciado con más fuerza es el surgimiento de grupos de interés dentro de las colectividades, más asimilables a lo que se conoce como facciones.

Una facción al interior de un partido se puede definir como: “una agrupación en torno a una persona para distribuir factores de poder o expectativas de ello”[2]. De esta manera, los partidos  pierden su esencia como articuladores de la relación entre la sociedad civil y el Estado, interpretando las necesidades y requerimientos de aquella, para que aquel busque satisfacerlas. Además, “los partidos tienen importantes cometidos en los Estados modernos: proponer programas e ideologías a los ciudadanos, articular y aglutinar intereses sociales con finalidades estrictamente políticas, movilizar y socializar a los ciudadanos y, principalmente, reclutar élites y formar gobiernos, función que sólo ellos pueden realizar.”[3]



Para el mencionado caso del Partido Conservador en Antioquia, serían facciones las llamadas casas conservadoras de Bello e Itagüí, lideradas por las senadoras Olga Suárez Mira Nidia Marcela Osorio, respectivamente; así como el grupo de la ex candidata Marta Cecilia Ramírez Orrego. También dentro de los azules, lo que otrora fue el Ramismo (de Luis Alfredo Ramos) y el Coraje de Fabio Valencia Cossio (Hoy en el CD); ello sin mencionar lo que ocurre en el Partido Liberal, que es muy similar.

Dada la estructura actual de los partidos políticos mediante facciones, no es de extrañar que al interior de cada colectividad haya confrontaciones entre grupos, pero también alianzas de conveniencia como la que se presentó en la convención azul en Antioquia. Es natural que entre un partido y otro haya confrontación ideológica -pese a que ahora es más por otro tipo de intereses- aunque también se suelen dar alianzas ´programáticas´ o más bien burocráticas. Sin embargo, lo que es un poco extraño -aunque en otro tiempo se ha dado[4]- es la alianza entre una facción de un partido y otra de otro partido tal vez no muy afín desde el punto de vista ideológico o programático.

Siguiendo con lo ocurrido con los conservadores en Antioquia, tras el análisis que he venido haciendo, no es de extrañar que entonces se afirme que la facción que lidera la ex candidata Marta Cecilia Ramírez Orrego apoye al candidato del Centro Democrático a la Alcaldía de Medellín,  Juan Carlos Vélez y tampoco que  la facción de César Eugenio Martínez y su jefe, el senador Juan Diego Gómez, apoye la campaña del CD a la Alcaldía, y la aspiración a la Gobernación de Luis Pérez (Unidad Nacional).

Centro Democrático ¿facción o partido?
Mención aparte merece el partido Centro Democrático, cuyo indiscutible líder y gestor es el senador Alvaro Uribe Vélez. Hay que decir entonces, en nuestro concepto, que el uribismo originalmente sería una facción dentro del Partido de la U, solo que ahora ha devenido en partido político, pero con el comportamiento típico de una facción, pues funciona en torno a la persona y personalidad de Uribe.

De  ahí que en las elecciones parlamentarias de marzo de 2014, Uribe decidiera encabezar una lista cerrada para que su nombre arrastrara a los demás, como efectivamente ocurrió. Sin embargo, lo que en ese entonces fue una fortaleza y una estrategia válida, hoy puede ser el talón de Aquiles del Centro Democrático, en el sentido de que Uribe -en su calidad de Senador- no puede encabezar las listas a concejos municipales y asambleas, y mucho menos hacer campaña con todos sus candidatos a las principales alcaldías y gobernaciones.

Pese a que sus más conspicuos seguidores le atribuyen a Uribe un carácter mesiánico, no tiene el don de la ubicuidad para multiplicarse y estar presente en las campañas de todos sus candidatos y mucho menos en los próximos meses cuando ganan en intensidad. Por otra parte, aunque en la pasada campaña presidencial estuvo muy cerca de Oscar Iván Zuluaga, su candidato debía defenderse solo en muchos escenarios -debates televisivos y entrevistas en medios, por ejemplo- evidenciando ante los electores que definitivamente Zuluaga no era Uribe, como tampoco lo son sus candidatos a las instancias de poder local y regional. Al respecto Natalia Arenas, en la Silla Vacía, dice lo siguiente:

Si Uribe quiere repetir el triunfo del año pasado en las elecciones de octubre tendrá que hacer él mismo campaña junto a sus candidatos. A pesar de que el Centro Democrático lleva más de un año de creado, no ha logrado conseguir fichas fuertes ni siquiera en los 11 departamentos y en Bogotá en los que el uribismo le dio una tunda a Santos en la primera vuelta presidencial. De esos, sólo tiene hoy una ficha propia fuerte para quedarse con una gobernación y otras dos fuertes para alcaldías. De resto, en el panorama regional, doce son candidatos débiles y en otros siete está buscando alianzas, aun cuando en cuatro ya tiene candidatos[5].

La esencia caudillista del Centro Democrático quedó evidenciada el año pasado en la decisión de conformar una lista cerrada para las elecciones parlamentarias y es lo que Bernard Manin[6] llama la “personificación de la opción electoral”, que es cuando los votantes lo hacen más por la persona que por los partidos o programas. Esa es justamente la dificultad que acarrea el Centro Democrático para las elecciones de octubre para autoridades locales, que la gente no va a votar por el hoy senador Alvaro Uribe Vélez, sino por personas que recibieron su guiño y supuestamente representan sus ideales y credo político.

Consideraciones finales
Antes de concluir es pertinente aclarar que con la Constitución Política de 1991, Colombia al perecer estaba dando el salto de un sistema bipartidista a un pluralismo polarizado (muchos partidos con diversidad de posturas ideológicas), pero caracterizado por la aparición de “organizaciones electorales que emergen de forma coyuntural y se esfuman rápidamente sin ninguna pretensión de convertirse en agrupaciones políticas estables”[7]. Es decir, la constitución daba la posibilidad de que se crearan partidos políticos, muchos de ellos provenientes de movimientos sociales con pretensiones políticas, pero sin estructura estable ni jerárquica definida, lo cual los hacía efímeros en el tiempo.

El legislativo trata de corregir esa anomalía del sistema democrático y de partidos en Colombia con las reformas de 2006 y 2010, con lo cual se reduce el número de partidos en competencia y hoy podemos decir que en el país predomina un pluralismo moderado, tomando como referencia el análisis institucionalista de Sartori[8].

En consecuencia, lo que se ha venido observando desde la entrada en vigencia la constitución de 1991, en lo que atañe al sistema de partidos en Colombia, es no sólo la aparición de movimientos políticos originados de movimientos sociales, sino una fragmentación de los partidos tradicionales, dando origen a nuevos partidos que cooptan a parte de sus militantes o la conformación de facciones en permanente disputa al interior de los partidos tradicionales (incluso ocurrió también ya en el Polo).

 De la primera situación es claro que ese es el origen del Partido de la U y del Centro Democrático, cuyas bases originalmente militaron o en el liberalismo o en el conservatismo, y que en el caso del CD, está centrado en la personalidad de un caudillo -el ex presidente Uribe- más que en una ideología claramente definida, a no ser por sus posturas de extrema derecha, es decir, completamente alejadas del nombre de la colectividad. En cuanto a la primera situación, s ilustrativo ver los diferentes grupos dentro del Partido Liberal y del Conservador, como en este último caso se analizó en el presente artículo.




[1] Baste mencionar solamente el Ospinismo y el Laurianismo en el Partido Conservador o el Turbayismo y el Lopismo en el Partido Liberal.
[2] Definición del concejal de Bogotá, Víctor Reyes Morris.
[3] Cárdenas Gracia Jaime (2010). Los partidos políticos y la democracia. Instituto Federal Electoral, México.
[4] Recordemos el movimiento Regenerador de Nuñez, que aglutinaba a liberales y conservadores y logró cambiar la constitución liberal de 1863  e imponer el modelo centralista de la constitución de 1886.
[5] Artículo “No hay Uribe pa´ tanto candidato”, de Natalia Arenas en La Silla Vacía. Disponible en: http://lasillavacia.com/historia/uribe-tendra-que-tener-el-don-de-la-ubicuidad-para-octubre-50404
[6] Manin, Bernard (1998). Los principios del gobierno representativo. Madrid. Alianza Editorial.
[7] Parra Ramírez, Esther (1999). Vicisitudes del bipartidismo en Colombia. Revista Reflexión Política. Año 1, Vol.1. Bucaramanga, marzo de 1999.
[8] Sartori, Giovanni (2009). Partidos y sistemas de partidos. Madrid. Alianza Editorial.