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miércoles, 23 de marzo de 2016

Colombia: Viacrucis de un gobernante al que el país se le salió de las manos

Los últimos cinco presidentes de Colombia se han caracterizado por generar grandes expectativas frente a su mandato, al proponer asuntos determinantes para la vida del país. Sin embargo, al concentrase en un solo asunto -que en muchos casos tampoco resuelven debidamente- descuidan otros aspectos importantes para los colombianos y terminan sus mandatos de manera deslucida y con su popularidad en declive. Esa ha sido las constante desde Gaviria hasta Santos, pasando por Samper, Pastrana y Uribe.



“Bienvenidos al futuro” fue la frase lapidaria con la que César Gaviria Trujillo terminó su discurso de posesión el 7 de agosto de 1990, significando con ello que con la aplicación del llamado Consenso de Washington[1], el país saldría de la postración económica y generaría mayor bienestar para todos. Efectivamente, durante la administración Gaviria, se promovió el proceso de apertura económica[2], mediante la reducción de los aranceles y las barreras al comercio y se abrieron las puertas a la inversión extranjera, que masivamente empezó a llegar al país para apoderarse de empresas privadas (Coltabaco y Bancoquia, por ejemplo) y estales (Telecom) y entró al próspero negocio de la Seguridad Social (EPS y fondos de pensiones y cesantías).

Aunque durante el mandato Gaviria se reunió la Asamblea Nacional Constituyente que dio una nueva carta magna la país y con ella una luz de esperanza para los colombianos, la aplicación del recetario económico de Washington no pudo ser más devastador. Las empresas colombianas perdieron competitividad en el mercado interno, sin estar preparadas para conquistar mercados externos, la flexibilización laboral aumentó el desempleo y la informalidad, y aunque se emprendieron planes de modernización de la infraestructura de puertos, vías y comunicaciones, no fueron suficientes. Todo ello, amén de la época de terror que sembró Pablo Escobar Gaviria mediante atentados terroristas que parecían interminables y doblegaban el espíritu de los colombianos, sin que el gobierno fuera capaz de sortear adecuadamente la situación.

Aunque analistas dicen que Ernesto Samper Pizano tenía uno de los programas sociales mejor estructurados de los últimos años en Colombia, su gobierno no pudo desarrollarlos a cabalidad, ya que el mandatario se dedicó a defenderse de las acusaciones de ingreso de dineros del narcotráfico en su campaña (Proceso 8.000). Su sucesor, Andrés Pastrana Arango, si bien consolidó toda la estructura estatal para facilitar el comercio exterior a los empresarios colombianos, lo más recordado de su gestión es la puesta en marcha del controvertido Plan Colombia[3] y el fallido proceso de paz con las Farc, en desarrollo del cual su administración acepta la desmilitarización 42.000 kilómetros cuadrados en la zona de despeje de El Caguán, la cual fue aprovechada por la guerrilla para fortalecerse militar y políticamente, así como para incrementar los secuestros y las extorsiones.

Fue precisamente ese frustrado proceso con las Farc y el truncado anhelo de paz de los colombianos, lo que hizo que cobrara vitalidad el discurso guerrerista (Mano fuerte y Corazón grande) de un político regional, de estirpe campesina, como Alvaro Uribe Vélez, quien con su promesa básica de acabar con la guerrilla, llega al poder el 7 de agosto de 2002[4].

Si bien durante sus ocho años de gobierno el presidente Uribe propinó duros golpes a las Farc, como la muerte de Raúl Reyes el 01 de marzo de 2008, no solamente no acabó con esa guerrilla, sino que con la extradición de los principales jefes paramilitares, se descuadernó la estructura de las Autodefensas Unidas de Colombia, que devinieron en las hoy conocidas Bacrim (Bandas Criminales) como los Usúga y Los Urabeños, enfrascadas en continuas disputas territoriales por el negocio del narco y microtráfico en Colombia.

Pero además, el gobierno de Uribe pasó tristemente a la historia como el de los falsos positivos, las chuzadas telefónicas a periodistas, líderes sindicalistas y de izquierda, así como a magistrados de las altas cortes; el escándalo de la parapolítica y el de Agro Ingreso Seguro. Además durante sus dos periodos de gobierno, Uribe llevó a cabo impopulares reformas en los campos laboral, tributario y pensional.

www.publimetro.co


Santos: caso aparte
Mención aparte merece el actual presidente de los colombianos, quien se las arregló para hacer parte de los gobiernos anteriores, con excepción del de Samper. Fue ministro de Comercio con César Gaviria, luego de Hacienda con Pastrana y fue el ministro de Defensa de Uribe, quien lo nombró en el cargo en 2006.

Al igual que sus antecesores, pero especialmente Pastrana y Uribe, Santos ha tenido un asunto prioritario en sus dos mandatos. Pastrana se jugó todo por la paz, Uribe le apostó a la guerra y al exterminio de las Farc, y ahora nuevamente Santos le apuesta a la paz, pero descuidando otros aspectos vitales en la vida del país.

Santos, en su afán de pasar a la historia como el presidente que firmó la paz con la guerrilla más antigua del mundo, ha cometido incluso la torpeza de poner fechas  tope para la firma de los acuerdos y en su obstinación por la paz ha descuidado temas trascendentales como el litigio por la plataforma continental con Nicaragua[5], sacar adelante la reforma a la educación superior (que tuvo que engavetar ante la férrea oposición de los estudiantes universitarios), está pendiente una reforma a fondo del sistema penitenciario y carcelario del país y hace falta un reforma también de fondo a la justicia en Colombia, pues la reforma del Equilibrio de Poderes no resultó suficiente. Por otro lado, Santos no ha actuado diligentemente en el caso de corrupción de la llamada ´Comunidad del anillo´ en la Policía Nacional.

Como si fuera poco, su gobierno ha manejado de manera desacertada el sector energético, porque no se sabe a dónde fueron parar US$10 millones de dólares del cargo por confiabilidad que supuestamente eran para acometer las obras que permitieran conjurar los efectos adversos del fenómeno climatológico de El Niño. En este aspecto no solamente estamos ad portas de drásticos racionamientos, sino que para empeorar el asunto, su gobierno vendió a Isagén y semanas después anunció que Colombia deberá comprarle energía eléctrica a Ecuador y gas a Venezuela.

Santos tiene pendiente además, llevar al Congreso el proyecto de la cacareada reforma tributaria estructural para hacer frente a la reducción de ingresos por la caída de los ingresos petroleros (debido a los bajos precios internacionales) y la toma de medidas tendientes a frenar la creciente inflación (en gran parte debida a la devaluación del peso frente al dólar) y reactivar el crecimiento económico y la generación de empleo.

Pareciera que Santos estuviese aplazando estas medidas en materia económica, que a todas luces son impopulares -como el aumento del IVA y la reducción del tope de ingresos para que más colombianos entren a tributar- y estar apostando todo su capital político a la firma del proceso de paz con las Farc, esperando que ello le permita recuperar la popularidad perdida en el país y le de prestigio internacional.



[1]El concepto y nombre del consenso de Washington fue Presentado por primera vez en 1989 por John Wiliamson, economista del Instituto Paterson de Economía Internacional. Resume una serie de temas comunes entre instituciones de asesoramiento político con sede en Washington, como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y Departamento del Tesoro de los Estados Unidos, de los cuales se creían necesarios para la recuperación económica de los países Latinoamericanos afectados por las crisis económicas y financieras de los 80.
[2]Se creó el Ministerio de Comercio Exterior (ley 07 de enero 16 de 1991).
[3] Su verdadero nombre es Plan para la Paz y el Fortalecimiento del Estado. Es un acuerdo bilateral constituido entre los gobiernos de Colombia y Estados Unidos, con el fin de generar una revitalización social y económica, terminar el conflicto armado en el país y crear una estrategia de lucha contra el narcotráfico. Se firmó en 1999 durante las administraciones de los presidentes Andrés Pastrana y Bill Clinton.
[4] El 26 de mayo de 2002 fue elegido Presidente de la República en primera vuelta con el 54.51% de los votos. El 28 de mayo de 2006, luego de que el Congreso de la República aprobara una reforma constitucional que permite la reelección del Presidente de la República, Álvaro Uribe es reelegido.
[5] En sentencia del 19 de noviembre de 2012, la Corte Internacional de Justicia, resolvió a favor de Nicaragua el caso sobre la disputa territorial y de delimitación marítima con Colombia, iniciado por el país centroamericano en 2001. La semana pasada  la CIJ se declaró competente para resolver las demandas de Nicaragua sobre Colombia.

lunes, 26 de octubre de 2015

Elecciones regionales en Colombia, entre el voto clientelar y el voto de opinión

Muchos son los análisis que se pueden hacer y las conclusiones que se pueden sacar tras la jornada electoral del pasado domingo en Colombia, pero en general se puede decir que el voto clientelar sigue siendo tradicional en nuestro país, especialmente en zonas alejadas de las grandes capitales, pero que ahora es disputado en los grandes conglomerados urbanos por el llamado voto de opinión, que lentamente también ha venido ganando terreno en ciudades intermedias, como Bucaramanga[1] y Cartagena[2].

Caso ilustrativo de ello puede ser lo ocurrido en Antioquia, que presenta una forma de votar en Medellín y otra muy distinta en el resto del departamento. Lo que sucedió en Medellín con Federico Gutiérrez evidencia que el voto de opinión -si bien es cierto aún no tiene tanto peso como en Bogotá- si viene en aumento, y que el voto clientelar (también llamado de maquinaria) que suele ser el que tienen los partidos ´amarrado´ con sus afiliados y líderes de las JAL en las comunidades, va perdiendo peso.


Muestra de ello es lo que le ocurrió a Gabriel Jaime Rico cuya campaña era avalada por los partidos, de La U, Cambio Radical, Conservador y por una amplia base de dirigentes del partido Liberal. Sin embargo,  pese a tener buenas propuestas y una buena imagen entre la ciudadanía, Rico no vio reflejado en las urnas ese respaldo de los partidos y más bien esos avales (más de nombre que reales) se convirtieron en una pesada carga que le impidió posicionarse como un candidato independiente, libre de compromisos y pactos.

Muy por el contrario, su contrincante, y a la postre vencedor, Federico Gutiérrez, con su slogan de ´aliado con vos´ supo llegarle a la gente como un candidato independiente libre de compromisos partidarios, lo cual hizo que en la recta final ese voto de opinión, que es un voto informado y de mayor criterio, se volcara a su aspiración. No obstante, también es pertinente precisar que seguramente gran porcentaje de esa franja de opinión favoreció a Gutiérrez por ir en contra del candidato del Centro Democrático, Juan Carlos Vélez Uribe.

Muy distinto es el análisis que se puede hacer en el caso de Antioquia[3], donde Luis Pérez Gutiérrez, siguiendo la tendencia que marcaban todas las encuestas, ganó con cierta holgura sobre el aspirante del Centro Democrático, Andrés Guerra Hoyos, quien dicho sea de paso hizo una excelente campaña y salvó a su partido de una estrepitosa derrota, pues aunque igual perdió, lo hizo de manera decorosa, digna y con el respaldo de una buena cantidad de votos.


A diferencia de la capital antioqueña, en el resto del departamento el voto clientelar o de maquinaria sigue teniendo un gran peso y así lo entendió la campaña de Luis Pérez Gutiérrez, quien sin descuidar a Medellín (que representa el 34% de la votación), se concentró en las regiones en las cuales son fuertes los partidos que lo respaldaban como el Liberal (Urabá y Nordeste) y Conservador (norte cercano). De esta forma la maquinaria, que no le funcionó a Rico en Medellín, fue determinante en las aspiraciones de Luis Pérez, a tal punto que en muchos municipios tenía el apoyo de dos o más candidatos a la alcaldía, lo que le permitió ganar con casi el 40% de la votación.

Ganadores y perdedores en Antioquia
A parte de Luis Pérez y Federico Gutiérrez, ganadores en la jornada del domingo, si se analiza al Centro Democrático como una fuerza que participa por primera vez en la contienda electoral regional, se le puede ver como un partido ganador, pues arañó parte del pastel al quedarse con seis curules en la Asamblea y seis en el Concejo de Medellín (lo que lea erige como la primera fuerza política del departamento), además ganó las Alcaldías de Rionegro y Sabaneta. Sin embargo, si el análisis se hace desde las aspiraciones del partido, claramente hay que ver a Uribe como perdedor, pues se quedó sin el premio mayor (La Gobernación de Antioquia y la Alcaldía de Medellín).

No obstante la derrota del Centro Democrático, desde el punto de vista de lo personal, se puede decir que ganaron sus dos candidatos. Juan Carlos Vélez Uribe, perdió la Alcaldía por poco margen (escasos 9.003 votos)[4] y Andrés Guerra, casi que contra todo pronóstico y en una maratónica campaña, logró que su partido tuviera un derrota decorosa. Además, la votación de ambos confirmó la fuerza del uribismo en Medellín[5].

Eugenio Prieto Soto, quien había quedado muy mal parado ante la opinión pública, al renunciar sólo ocho días después de que anunciara que iría hasta el final, se puede contar entre los ganadores, pues su salida fue digna y su alianza con Federico -que asumió con compromiso y dedicación- lo puede llevar a ser el nuevo gerente de EPM (según se rumora en los mentideros políticos).

Alonso Salazar definitivamente es un perdedor, no sólo por la votación que obtuvo (5.46%), sino por la forma en que asumió su campaña, saliendo a victimizarse frente a los ataques de las otras campañas, aparte de que el respaldo de Fajardo no fue pleno y decidido, sino coyuntural dependiendo de cómo marcaba en las encuestas.

Pierde indiscutiblemente Gabriel Jaime Rico, quien con base en un buen programa, carisma, coherencia y la fuerza de su movimiento Juntos Por Medellín, esperaba que el voto partidista de las colectividades que avalaron su candidatura, lo llevarán a ser el sucesor de Aníbal Gaviria[6].


También pierde Fajardo, especialmente al no poder conservar su fortín en la Gobernación de Antioquia y pierde su candidato, Federico Restrepo, cuya candidatura nunca despegó y se quedó con las ganas de cuidar el legado fajardista.


También se evidenció el declive de los partidos tradicionales. En Antioquia pierde el partido de la U, que pasó 32 a sólo 13, lo mismo que el partido Liberal que bajó de 25 a 19 alcaldías y los conservadores de 30 a 26. También Cambio Radical que pasó de 13 alcaldías a 11.

Por el lado, de las corporaciones, gana el Polo que mantiene su curul en la Asamblea y recupera la del Concejo, donde Creemos (El movimiento del alcalde electo) logra dos curules, mientras que el partido Liberal pierde un puesto en el Concejo de Medellín.


Gran perdedor es el Grupo Empresarial Antioqueño, GEA, que no pudo configurar el mapa político a su amaño y ahora tendrá que entenderse con Luis Pérez como gobernador (algunos empresarios independientes han comentado que el proyecto del GEA era imponer gobernadores y alcaldes a 30 años).

Los grandes ganadores en el país
El vicepresidente, Germán Vargas Lleras, es uno de los ganadores del domingo. Tendrá las gobernaciones de Antioquia, La Guajira, Magdalena, Cundinamarca, Sucre, Huila, Cesar, Amazonas y Vaupés.


Gana igualmente el ex director de Cambio Radical, Carlos Fernando Galán, por su respaldo a Enrique Peñalosa desde principios de este año. Con Peñalosa ganan también Antanas Mockus y Marta Lucía Ramírez. Mockus, al aliarse con Peñalosa a pocos días del día de elecciones, envió un mensaje de regreso a las políticas urbanas de los años 90´s (también logró sacar elegido a su concejal, Jorge Torres). La ex candidata presidencial Marta Lucía fue de las primeras líderes nacionales en respaldar públicamente a Peñalosa..


El partido Alianza Verde, aunque no ganó la Alcaldía de Medellín con Alonso, logró tres gobernaciones, por encima del Centro Democrático (Casanare) y el conservatismo (Tolima y Risaralda). El Verde ganó en Boyacá, Nariño y Putumayo.

Entre los ganadores hay que contar a la firma encuestadora antioqueña, Invamer-Gallup que fue la menos desatinada en las encuestas. En Bogotá acertó casi en todos los porcentajes y en el orden, mostrando primero a Peñalosa, seguido de Rafael Pardo y Clara López; en Medellín fue la única que no puso como ganador a Juan Carlos Vélez y mostró un empate técnico con Federico Gutiérrez, y en Cali mostró el ascenso de Armitage.


También ganó la Registraduría Nacional del Estado Civil que en una hora y media tenía los resultados definitivos en Bogotá y en varias de las principales ciudades.

Los grandes perdedores en el país
El ex Presidente Alvaro Uribe es uno de los grandes perdedores, pues en los presupuestos del Centro Democrático estaba quedarse con las alcaldías de Bogotá, Medellín y Manizales, la Gobernación de Antioquia y posiblemente la de Caldas, y aspiraba a tener en Bogotá 15 de los 45 concejales.

El balance es más agrio que dulce para el senador Uribe. En Bogotá, el Centro Democrático obtuvo la cuarta votación para la alcaldía, con el 12%. Para el concejo capitalino se quedó  con sólo cinco curules. Además fue segundo tanto en la votación para la Alcaldía de Medellín como para la Gobernación de Antioquia. Uribe solamente ganó la gobernación del Casanare, en ciudades pequeñas o intermedias como Rionegro y Sabaneta, y las de los antiguos territorios nacionales, Florencia, Puerto Carreño y San Vicente del Caguán.


Se debe contar entre los perdedores al alcalde de Bogotá, Gustavo Petro. El petrismo no alcanzó siquiera a competir en la contienda para Bogotá, pues la aspiración de María Mercedes Maldonado no cuajó después de que Petro se reuniera en privado con Clara López y tumbó su candidatura, lo cual también perjudicó a la aspirante del Polo.


Otro gran perdedor es Alonso Salazar, quien quedó de cuarto en Medellín con solo 37.492 votos, menos que el voto en blanco. También gran perdedor es el ex vicepresidente Angelino Garzón, quien quedó tercero y casi fue doblado en votación por el primíparo en la política Maurice Armitage, nuevo alcalde de Cali. Gran perdedora es igualmente Clara López, quien pasó de barrer en las encuestas a enterrar doce años de hegemonía de la izquierda en Bogotá y con ella El Polo Democrático, que aunque mantuvo su presencia en regiones importantes, perdió la capital colombiana.


Perdió el gobernador de Antioquia, Sergio Fajardo, pues su posible sucesor, Federico Restrepo, quedó de tercero, sacó menos de una quinta parte de los votos y solo ganó en un municipio, San José de la Montaña. Directamente Fajardo tampoco ganó en Medellín, aunque al final parece que tras quitarle el respaldo a Alonso, se lo dio a Gutiérrez, quien ha sido cercano al fajardismo.




[1] En Bucaramanga, la última encuesta de Invamer-Gallup, mostraba a Carlos Arturo Ibáñez de primero con más del 41% y a Rodolfo Hernández Suárez, candidato independiente, en el último lugar con el 11% de la intención de voto, pero a la postre terminó siendo el ganador, con el 28,83% de la votación.
[2] En Cartagena quien encabezaba las encuestas era Antonio Quinto Guerra, pero al final se ubicó en el segundo lugar con 29,47%. El nuevo alcalde de la capital de Bolívar es el independiente Manuel Vicente de Jesús Duque Vásquez, quien logró el 37,27 %. 
[3] Con el 99,95% de las mesas escrutadas, Luis Pérez obtenía el 39,43% de la votación (816.337), mientras que Andrés Guerra, obtenía el 29,52% de los votos (611.207).
[4] De acuerdo con la Registraduría Federico Gutiérrez obtuvo 244.636 votos y Juan Carlos Vélez, 235.633.
[5] De hecho Andrés Guerra, con 231.946 votos le ganó en Medellín a Luis Pérez, que obtuvo 208.360.
[6] Los 111.777 votos que obtuvo, en un gran porcentaje fueron aportados por sus seguidores.

miércoles, 16 de septiembre de 2015

CRISIS GENERADA EN LA FRONTERA CON COLOMBIA ESCONDE LA CRISIS POLÍTICA Y ECONÓMICA DE VENEZUELA

Mucha agua ha corrido debajo del puente desde que el presidente venezolano, Nicolás Maduro, decidiera cerrar la frontera con Colombia[1] y con improperios, demolición de sus casas y maltratos, expulsara a los colombianos de su territorio, ocasionando una verdadera crisis humanitaria de este lado del mojón limítrofe.

Para buscar salida a la situación, se han reunido infructuosamente las cancilleres de ambos países -en dos ocasiones, una en Cartagena y otra en Quito-, también los obispos; se han creado corredores humanitarios para trabajadores y estudiantes, y hasta se intentó una reunión entre Maduro y Santos en Uruguay (que finalmente no cuajó), todo ello acompañado de declaraciones de uno y otro mandatario en los medios de comunicación y de la decisión de más cierres fronterizos por parte del gobierno venezolano y hasta de la violación del espacio aéreo colombiano por aviones venezolanos, en dos ocasiones.

Todas las acciones del gobierno de Maduro hacen parte de su intento de seguir desviando la atención de los problemas internos de Venezuela en lo político y económico. Es verdad que hay contrabando en la frontera -siempre lo ha habido, hacia un  lado o hacia el otro dependiendo de las tasas de cambio- y también hay paramilitares y otros grupos armados ilegales que son los dueños de ese negocio, lo mismo que el del narcotráfico, pero en connivencia con la corrupta Guardia Nacional Bolivariana.

Maduro sabe eso, pero quiso aprovechar el incidente entre los paramilitares y la guardia venezolana (que quería mayor participación en el lucrativo negocio ilícito) para poner a todos los colombianos -incluyendo a los de bien que viven y trabajan en el vecino país- como los culpables de los males de Venezuela.

El heredero de Chaves quiso entonces, mediante mensajes xenófobos contra los colombianos, que nuestros compatriotas fueran vistos por los venezolanos como los responsables de la crisis de abastecimiento de Venezuela y se olvidarán de los altos precios de los productos, mientras él sacaba réditos políticos, mejorando su popularidad de cara a las próximas elecciones parlamentarias.

También es cierto que del lado colombiano, tanto el presidente Santos como el ex presidente Uribe igualmente quisieron sacar ventaja en época pre-electoral en Colombia. Obviamente esta crisis favorece más al ex presidente y senador Uribe, cuya favorabilidad ha venido creciendo.



Sin embargo, fue Maduro, quien procediendo como lo ha hecho, ha querido poner una espesa cortina de humo a la profunda crisis económica y política de su país, como lo detallaremos a continuación.

Desabastecimiento y carestía de productos
Venezuela dejó de dar a conocer las cifras oficiales de su economía desde septiembre de 2013. Sin embargo,  analistas serios se las han arreglado para conocer la dura realidad económica venezolana y hacen pronósticos nada alentadores.

Esos analistas dan cuenta del descuadre macroeconómico del gobierno de Maduro, el cual se explica fundamentalmente por la reducción de su principal fuente de ingresos: la exportación de petróleo. El chorro de dinero que le entra a Venezuela por este concepto es cada vez más pequeño, pues este año el barril del crudo, que inició por los lados de 80 dólares , hoy está en 38 dólares, es decir, ha descendido más del 50 por ciento.

Esa falta de dinero llevó al gobierno revolucionario a emitir moneda, lo cual hace que ésta se devalúe y tenga un efecto devastador en el costo de los alimentos y productos de consumo. Hoy Venezuela tiene lo que técnicamente se conoce como estanflación,  que es una situación económica que se caracteriza por un estancamiento económico acompañada por un alza persistente de los precios, a lo cual el gobierno responde con alza de los salarios. Sin embargo, el aumento de los salarios es absorbido de inmediato por el alza de precios, que  es de tal dinámica que ya en Venezuela prácticamente se puede hablar de hiperinflación[2]. Ejemplo de ello es que una canasta de huevos que valía 25 bolívares en julio, hoy vale 725 bolívares, es decir, alrededor del 10% de un salario mínimo mensual que está en alrededor de 7.500 bolívares (de los nuevos).

 La firma Ecoanalítica estimó que la inflación en el vecino país ronda el 120% y que puede llegar al final del año en el 200%. A esto se suma que el índice de escasez -el último dato es de marzo de 2014 y fue del 29,4%- ha seguido creciendo y algunos analistas ya lo estiman en el 75%. 


Hasta comienzos de agosto el gobierno venezolano calificaba a los empresarios de “especuladores y acaparadores” y los culpaba de generar la abultada inflación, pero tres semanas después, buscando réditos políticos, los nuevos culpables eran los colombianos de la frontera (estados de Táchira y Zulia), a quienes acusó de apropiarse del 40% de los productos venezolanos. 

Pero la situación más bien se origina en los controles de precios y cambiario -que provocan barreras- y en un modelo económico que mueve a los ciudadanos no a depender de su capacidad productiva, sino de los subsidios y ayudas del Estado. Ello a su vez se traduce en un incentivo para el contrabando. El problema se genera cuando el Gobierno venezolano en su mirada de la economía subsidia y regula los precios de los productos, beneficios que aprovechan los contrabandistas, quienes mercan barato en Venezuela para vender caro en Colombia”, destaca una investigación del periodista Santiago Cárdenas Herrera, de la semana pasada en el diario El Colombiano[3], en la que se agrega que según cifras del gobierno colombiano, los contrabandistas venden en el país los productos por seis veces su precio original.

No crece el PIB y aumenta el déficit fiscal
Por el lado del Producto interno Bruto (PIB) y el déficit fiscal, el panorama no es menos oscuro. Para el 2014 el Banco Mundial estimó en un 4% la caída de la economía, mientras el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) estimó en 14 puntos del PIB el déficit fiscal.

De acuerdo con las estimaciones del Fondo Monetario Internacional, FMI; la situación es peor este año, pues esa entidad y el Banco Mundial, BM, proyectan una nueva caída, esta vez de 7% en el PIB.  El portal informativo lapatilla.com aseguró que tuvo acceso a datos extraoficiales del Banco Central de Venezuela (BCV) que indican que en el primer trimestre de 2015 la economía del vecino país se contrajo 7,6% y en el segundo trimestre la contracción fue del 8,1%, según revela en una publicación fechada el 28 de agosto de 2015. Ecoanalítica estima que este año la reducción del PIB venezolano será del 10%.

Por el lado del abultado déficit fiscal, la explicación se encuentra en que los ingresos petroleros venezolanos representan 96% de los ingresos del Estado y en lo corrido del año éstos han caído más de 50%. Pero esa no es la única causa del déficit, buena parte de él se explica por al desastre cambiario[4], que ha provocado mayores restricciones al aparato productivo y ha desatado una crisis especulativa de proporciones inconmensurables.

Por el lado de los empresarios colombianos, el efecto negativo es menor, sencillamente porque han dejado de atender el mercado venezolano. De acuerdo con datos del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, entre enero y junio de este año las exportaciones a Venezuela cayeron 37,6% (Las del sector minero-energético descendieron 71,7%, y las de bienes manufacturados cayeron 21,8%)[5].

Otra causa del gran déficit fiscal venezolano es que mientras el gobierno recorta las divisas para las importaciones del sector productivo, mantiene ‘el chorro’ para el gasto público, con la idea de seguir dando subsidios a las personas de menores ingresos con el fin de mantenerlas alineadas políticamente. 

De ahí la imperiosa necesidad del gobierno de Maduro de obtener préstamos con China[6]. 
Por eso el Banco Interamericano, BID, calculó que el déficit fiscal del vecino país ronda los 14 puntos del PIB, y algunos expertos consideran que puede cerrar el año en el 18% del PIB.

Como si esto fuera poco, las reservas internacionales (recursos para cubrir importaciones y deuda externa), han bajado desde los US$22.070 millones de dólares de comienzo del año -según cifras del BCV- a los US$16.527 millones con corte al 24 de agosto (caída del 25,1%), pese a los ingresos de recursos provenientes de préstamos otorgados por el gobierno chino.

La magnitud del problema económico que vive Venezuela en pleno año electoral explica el interés del gobierno del presidente Nicolás Maduro por tratar de cubrir con cortinas de humo el desastre, y que mejor manera, que echarle la culpa a los colombianos.



Clima político desfavorable
El presidente venezolano, Nicolás Maduro, inició el 2015 en su peor momento de popularidad (22,6%), lo que sumado a la anotada reducción del 50% en el precio del petróleo en el mercado internacional, complica aún más el panorama político para el chavismo este año de elecciones parlamentarias, que están previstas para el 6 de diciembre.

Y es que la popularidad de Maduro ha retrocedido considerablemente desde que asumió la jefatura del Estado. En abril, de 2013, ganó las elecciones con 50,6% de los votos y una diferencia de apenas 223.000 sufragios sobre el líder opositor Henrique Capriles Radonski. En enero de 2015, después de 21 meses de gestión de Maduro, con una economía en recesión y una inflación galopante, el 86% de los consultados evaluaba negativamente la gestión del heredero de Chaves y el 81,6% de los encuestados consideraba de regular a muy mala la situación del país.

La popularidad de Maduro igualmente se deterioró con las imágenes del maltrato a los colombinos dadas a conocer a la comunidad internacional por todos los medios importantes del mundo y se resintió aún más con el juicio sin garantías al líder opositor, Leopoldo López, quien la semana pasada fue condenado a 13 años y 9 meses de prisión.

Este panorama hace difícil que el gobierno pueda ganar las elecciones, lo que sería un claro problema político para el gobierno, pues con el descuadre económico y las malas jugadas políticas de Maduro, se está fortaleciendo la oposición, que puede salir favorecida en las próximas elecciones de diciembre. 

Para no correr ese riesgo, el chavismo tiene dos opciones. La  primera recurrir nuevamente al fraude -como parece que ocurrió en las elecciones presidenciales en las que  Maduro ganó por estrecho margen- y en segundo lugar crear un conflicto externo para movilizar a su favor a la opinión pública nacional y distraer la atención de los graves problemas internos existentes, a los cuales hemos ya aludido, y que pareciera que es lo que quiere hacer el gobierno venezolano con los sobrevuelos de aeronaves de combate en el espacio aéreo colombiano.

Por el momento, hay que concluir, como lo dice María Jimena Duzán[7], que la actual crisis limítrofe deja tres cosas bien claras. “La primera es que se necesitó que Maduro cerrara la frontera para que Bogotá por fin pusiera sus ojos en Cúcuta. La segunda, que esta crisis va para largo. Maduro ha descubierto que internamente este anticolombianismo le da oxígeno a su régimen moribundo. Y la tercera, es una verdad: la economía subterránea se apoderó de nuestras fronteras”.




[1] El 20 de agosto el presidente venezolano ordenó el cierre, inicialmente por 72 horas y después de manera indefinida.
[2] Subida del nivel de precios muy rápida y continuada, que provoca que la gente no retenga el dinero, por su pérdida de valor constante.
[3] Artículo: “Así es el contrabando que desangra a Venezuela y Colombia”. Disponible en: http://www.elcolombiano.com/asi-es-el-contrabando-que-desangra-a-venezuela-y-a-colombia-AH2696332 (consultado el 10 de septiembre de 2015)
[4] En el primer semestre de 2015 los empresarios venezolanos sintieron un recorte de 60,8% en el flujo de divisas, lo que, según Ecoanalítica, redujo los planes de producción de la industria y atizó el alza de precios.
[5] El intercambio comercial entre Colombia y Venezuela en 2008 llegaba a los US$7.300 millones (su pico más alto).  En el primer semestre de este año el intercambio sólo fue de US$631 millones, lo que indica que este año podría superar los US$1.000 millones escasamente.
[6] En su reciente gira, a comienzos de septiembre, Maduro consiguió otros 5.000 millones de dólares, con lo cual los préstamos que la nación asiática le ha otorgado a Venezuela suman 50 mil millones de dólares.
[7] “Desde la frontera”, artículo en la revista Semana. Disponible en:  http://www.semana.com/opinion/articulo/maria-jimena-duzan-desde-la-frontera/442216-3 (Consultado el 13 de septiembre de 2015)