miércoles, 27 de enero de 2016

Nordeste minero antioqueño, el otro “Dorado”: (I) Caracterización histórica y poblacional de la región

La riqueza -y la codicia y avaricia del hombre en pos de ella- han propiciado el emprendimiento de grandes y quizás quijotescas empresas, que en el caso del  Reino de la Nueva Granada, y en general en toda la América hispánica, estaban permanentemente alentados por leyendas de “El Dorado”.

El oro, o más bien su búsqueda incesante, marcó entonces un derrotero a la conquista y poblamiento de nuevos territorios, comportamiento que de alguna manera siguió el mismo lineamiento en el proceso de conformación de la república, luego de la independencia.

Es el caso de muchos sectores de la geografía nacional, como el del departamento de Antioquia, y particularmente en éste, el Nordeste minero, cuyo núcleo desde La Colonia ha sido el hoy municipio de Remedios.



Dada esa realidad -casi que ancestral- sorprende ver y constatar las grandes problemáticas de las zonas mineras (especialmente las auríferas), donde “El Dorado” sigue latente, pero que quizás -y esta es una gran contradicción- genera para la mayoría -más que posibilidades- condiciones de pobreza, miseria, desarraigo, desplazamiento forzado y hasta la muerte[1].

¿Están las manifestaciones violentas directamente relacionadas con los problemas sociales derivados de la explotación de la riqueza en el Nordeste minero antioqueño?, es la pregunta que cabe hacerse y cuya respuesta parece obvia, sí.

A partir de hoy les ofrezco a los lectores varias entregas (cuatro artículos) sobre este complicado tema. En el primero, que corresponde al día de hoy, me ocupo de la caracterización y proceso de poblamiento de la zona minera antioqueña. En el segundo, se abordará el aspecto político, para mirar cómo fueron germinando inicialmente las ideas liberales y después de izquierda en la zona. En el tercer artículo se hablará de los problemas asociados a la explotación aurífera y en el cuarto -y último- se hará referencia a las organizaciones sindicales y sociales surgidas alrededor de la minería en el Nordeste, y se sacarán algunas conclusiones.

Caracterización de la zona minera antioqueña
La Región del Nordeste Antioqueño está localizada sobre la margen oriental de la Cordillera Central, al suroeste de la Serranía de San Lucas y entre los ríos Porce, Nechí, Nus y Alicante. Está conformada por los municipios de Amalfi, Anorí, Cisneros, San Roque, Santo Domingo, Yolombó, Vegachí, Yalí, Remedios y Segovia, con una extensión de 8.544 kms2 (13.6% del total del departamento). Tiene 180.695 pobladores (cifras de 2004).

Planeación Departamental identifica tres subregiones en el Nordeste: La Meseta (Anorí, Amalfi, Yolombó, Yalí y Vegachí); Nus (Cisneros, San Roque y Santo Domingo) y la Minera (Remedios y Segovia). La zona de impacto minero se ubica desde la cuenca del Río Mata (límites municipales de Segovia y Amalfi) en el área de la vertiente que baña la cuenca del Río Cauca (ríos Pocuné, Cuturú y Pescado) y la subcuenca del río Nechí, en su costado oriental hasta el río El Bagre, en su extensión al Bajo Cauca.

Proceso histórico de poblamiento
La zona originalmente estaba poblada por los indígenas Tahamíes y Yamecíes, que fueron desalojados y/o exterminados por los españoles, quienes llegaron a esos territorios desde finales del siglo XVI atraídos por noticias de riquezas auríferas. El primer ciclo del oro (1.580-1.630), se caracterizó por emplear mano de obra indígena y pobladores africanos traídos a esos territorios para ser esclavizados. Tuvo su epicentro en Santa Fe de Antioquia (Fundada en 1.541). A finales de ese siglo el epicentro minero se trasladó a Remedios (fundada en 1.560), luego a Cáceres (1.576) y después a Zaragoza (1.581).

Ya en el siglo XIX, el proceso de construcción nacional se enmarcó en tres dinámicas regionales: fundación de poblados, establecimiento de empresas rentables como las compañías mineras y el enlace de las regiones a través de vías férreas (Ferrocarril de Antioquia en nuestro caso).


También se dio impulso a actividades económicas y a la tecnificación de procesos productivos. Fue así como se contrató a los técnicos extranjeros, Carlos Segismundo De Greiff y Tyrell Moore, quienes introdujeron el molino de pistones, lo cual mejoró la explotación minera. Toda esa dinámica derivó en la creación de más empresas mineras de carácter asociativo, como la Sociedad de Minas de Antioquia (1.828) y la Compañía Minera de Antioquia (1.874).

Para 1880, con la consolidación de la minería como actividad productora moderna, ya estaban en Colombia grandes compañías mineras, de capital foráneo: Colombian Corporation en Anorí; compañía Francesa en Segovia, Nechí y Zaragoza; Pato Mines en Nechí y la Frontino and Bolivia Company (posteriormente Frontino Gold Mines) en Remedios y Segovia.  Esta empresa es la única que sobrevivió hasta el siglo XXI, sin embargo, en 2010 sus activos pasaron a la canadiense Medoro Resources, que hoy es su propietaria a través de su filial en Colombia, Zandor Capital[2].

En el período comprendido entre las dos guerras mundiales (1.930-.1950), que avivó la necesidad de oro, compañías como La Frontino Gold Mines en Segovia y la Pato Gold Mines en Zaragoza -según el investigador Gabriel Poveda Ramos- extrajeron las tres cuartas partes de la producción de oro del departamento de Antioquia[3]. Después de la Segunda Guerra Mundial, el oro colombiano perdió competitividad internacional, hecho que sumado a la violencia política (liberal-conservadora), expulsó a muchos pobladores de la región.

En la siguiente entrega se hará énfasis en este aspecto político, para mirar cómo en un departamento tradicionalmente conservador como Antioquia, las ideas liberales se consolidan en algunas regiones como el Nordeste, donde además, en los albores del siglo XX empiezan a germinar ideas de izquierda.



[1]En el último episodio conocido y que dio origen a un paro de varias semanas en Segovia y Remedios, fueron asesinados los mineros Fernando Silva y Andrés Bedoya en Segovia, al parecer por el Clan Usúga a mediados de Octubre de 2015.
[2] En el reciente paro minero de noviembre de 2015 en el Nordeste antioqueño, el gerente de la mina El Congote, Dionny Ramírez, fue enfático en decir que lo que ellos pedían era que se retiren los amparos administrativos que tiene la multinacional canadiense.
[3] Poveda Ramos, Gabriel. Breve Historia de la Minería. En “Historia de Antioquia”, Medellín, Presencia Ltda. p.221.

miércoles, 20 de enero de 2016

Crisis económica mundial como consecuencia del cambio de patrón monetario y el fin de la era del petróleo

Por estos días son recurrentes las noticias que dan cuenta de una gran crisis económica mundial y de la descolgada a la baja de los precios del petróleo; mientras que analistas de todos los rincones y centros de estudios dan sus explicaciones aquí y allá sobre lo que está pasando.

En este artículo, además de referirles lo que está sucediendo y contarles las causas- en lo que coinciden muy acertadamente los analistas- quiero ir un poco más allá para tratar de hacer notar otras posibles causas ocultas, la trascendencia de lo que está pasando realmente y los profundos cambios que se avecinan, o que de hecho ya están ocurriendo.

Crisis: la punta del Iceberg
De la crisis económica que se empieza a vivir y que se padecerá en todo el 2016, ya son conscientes los organismos multilaterales como el Fondo Monetario Internacional, que acaba de bajar su pronóstico de crecimiento del PIB mundial del 3.6% al 3.4%.  Ese reajuste, según el FMI; se debe a “los ajustes que están ocurriendo en la economía mundial: la desaceleración generalizada de las economías de mercados emergentes, el re-equilibramiento de la economía china[1] , la caída de los precios de las materias primas y el repliegue paulatino de las condiciones monetarias extraordinariamente acomodaticias en Estados Unidos”. El FMI también prevé que la contracción en América Latina será del 0.3%, debido a la profunda recesión de Brasil, cuya economía caerá un 3.5% este año[2].

En el caso colombiano, aunque el DANE aún no revela los datos de crecimiento del PIB en 2015, el Banco de la República estima que habría sido del 3.2% y que este año podría estar entre el 2.5% y el 3%[3]. Un muy bajo crecimiento con una inflación desbordada del 6.77% (impulsada por el marcado aumento de la inflación de alimentos, que fue del 10.85% al cierre de 2015) y que se presume seguirá este año por las nubes por cuenta de los efectos del fenómeno climatológico del niño (que afecta la producción agropecuaria) y de la depreciación del peso (que aumenta los precios de los insumos importados) y que afecta en general las importaciones[4].

Todo esto es lo que sale en las noticias y lo que  se desprende de los análisis de los expertos, pero en el fondo todo ello está relacionado con profundos cambios en la economía global, a los cuales haremos alusión después de mirar lo que está pasado con el petróleo.




Panorama poco halagüeño para el crudo
La Organización de países productores y exportadores de petróleo, OPEP -que incrementó sus miembros en diciembre con el regreso de Indonesia[5] después de siete años- está registrando un exceso de oferta en los mercados globales por unos 600.000 barriles por día. Como si fuera poco, a ellos se sumarán los 500.000 barriles diarios a los que espera llegar en pocas semanas Irán, una vez levantadas -el fin de semana- las sanciones que pesaban sobre este país aliado de Rusia y China.

Entre tanto, Arabia Saudita -mayor miembro de la OPEP y líder de facto- reiteró el pasado domingo que está dispuesto a soportar el colapso de los precios antes que reducir su producción. El reino bombeó 10.088 millones de barriles por día en diciembre, según el más reciente informe del cartel de productores, el cual precisa que en 2016 Estados Unidos será el que más sufrirá entre los productores no miembros de la OPEP, con su producción descendiendo en 380.000 barriles al día.

La organización prevé que sus 13 miembros tendrán que bombear un promedio de 31.6 millones de barriles diarios este año, cifra que es significativamente superior a los 29.9 millones del 2015, pero inferior a los 32.18 millones que produjeron en diciembre.

Todo ello redundará en una baja constante del precio internacional del crudo, que quizás se sostenga alrededor de los US$25 dólares el barril, aunque el precio del barril de referencia de la OPEP se cotizó el lunes a US$23.58, un 4,6% menos que la jornada anterior. Este es el precio más bajo desde abril de 2003, informó desde Viena el grupo petrolero.

Esa baja en el precio se viene reflejando en la pérdida de valor de las empresas petroleras en los mercados bursátiles, como es el caso de la colombiana Ecopetrol, que según los datos de Bloomberg, perdió en los últimos 3 años US$122.200 millones de su valor en libros, al pasar de tener una capitalización bursátil de US$136.700 millones a una de US$14.500 millones. Pero además, otras han ido a la quiebra, por ejemplo, en Estados Unidos, donde el año pasado 36 empresas de exploración y producción de petróleo entraron en bancarrota o se acogieron a la protección legal con un monto de deuda cercano a US$17.000 millones.

Las razones de fondo de la crisis
Si se amplía la mirada y se profundiza un poco más, se puede concluir que la crisis obedece a otras razones más de fondo, que están relacionadas con un cambio drástico en el poder económico mundial, que está pasando de Estados Unidos a China, y con  el principio del fin de la era del petróleo.

Al parecer en este momento hay una recesión en el transporte marítimo de mercancías y ello no solamente estaría relacionado con la apreciación de muchas monedas nacionales frente al dólar que afecta las importaciones, por ejemplo, sino que la principal causa sería que China está exigiendo el pago en su moneda (yuan), razón por la cual en los Estados Unidos se estaría empezando a registrar un desabastecimiento de productos básicos.

Esto está relacionado con la intención del gigante asiático y los países BRICS -entre ellos Rusia- de abandonar el sistema de moneda fraccionaria (dinero-deuda) representado en el dólar estadounidense y volver al patrón oro, cuyo abandono habría generado un crecimiento enorme de la oferta monetaria mundial, muy superior al crecimiento total de los bienes y servicios que la sociedad es capaz de producir, lo que a su vez genera inflación, en muchos casos hiperinflación, acompañada de una fuerte devaluación de las monedas.[6]

Como si fuera poco, además de las razones ya expuestas sobre la baja en los precios internacionales del petróleo, otra poderosa razón -y quizás la más importante- es que también China estaría comprando el crudo en su propia moneda y no dólares[7]. Pero además, al parecer los chinos ya muestran considerables avances en el desarrollo de ´energías renovables´ (que estarían disponibles también para países con gobiernos favorables al BRICS), lo cual podría ser una explicación de mayor fondo a la caída de los precios del petróleo, porque todo producto que va a quedar obsoleto pierde valor, lo cual también es un mensaje para Arabia Saudita y las monarquías del Golfo Pérsico.



[1] El PIB chino continuó su ralentización el año pasado hasta un 6.9 %, aunque se mantuvo en las previsiones oficiales, según cifras divulgadas ayer  por la Oficina Nacional de Estadísticas del país asiático.[2] Brasil viene de cerrar 2015 con una contracción del 3.8%.
[3] Ver entrevista de Reuters a la co-directora del Banco de La República, Ana Fernanda Maiguashca en el diario Portafolio. Disponible en: http://www.portafolio.co/economia/banco-la-republica-preve-crecimiento-inferior-al-del-2015
[4] El DANE reveló ayer que entre enero y noviembre de 2015 las importaciones colombianas bajaron el 20.8% al sumar los US$4.243 millones.
[5] La nación asiática produjo un promedio de 700.000 barriles de crudo por día en 2015, dijo la OPEP. 
[6] Ver al respecto mi artículo del 2 de diciembre de 2015 “Reseteo del sistema financiero mundial: se acaba el dinero-deuda para retornar al patrón oro” (http://observadorpoliticoeconomico.blogspot.com/2015/12/reseteo-del-sistema-financiero-mundial.html)
[7] Irán y Rusia estarían recibiendo productos chinos a buen precio a cambio de su petróleo.


martes, 22 de diciembre de 2015

Al salario mínimo en Colombia se lo devora la inflación

Por salario mínimo se entiende la cantidad mínima de dinero que los empleadores deben pagar a un trabajador por sus labores para un determinado período laboral (hora, día o mes)[1].  

Cada país suele establecer las normas legales que regulan el salario mínimo y los mecanismos para determinar periódicamente su monto, generalmente en forma anual. Por ley, en Colombia se denomina Salario Mínimo Mensual Legal Vigente (SMMLV) y se reajusta antes de iniciar un nuevo año por un valor porcentual que en ningún caso puede ser inferior al Índice de Precios al Consumidor (IPC) o inflación causada del año que concluye[2].

De acuerdo con la legislación laboral vigente en el país, todos los empleados de entidades oficiales y empresas privadas que devenguen hasta 2 SMMLV ($1.288.700) y que residan en poblaciones donde se preste el servicio público de transporte, tienen derecho a un subsidio de $73.950 pesos. Igualmente, el trabajador recibe del empleador un salario adicional al año correspondiente a cesantías, que es consignado en un fondo a elección del trabajador y un salario adicional al año llamado Prima de servicios que se paga la mitad en junio y la otra en diciembre. También el trabajador recibe un beneficio de caja de compensación familiar, la cual le ayuda al empleador para adquirir vivienda, salud y para actividades recreativas.

Cortesía

En diciembre de 2014, los empresarios y representantes de organizaciones sindicales no llegaron a ningún acuerdo, ante lo cual el gobierno incrementó el salario mínimo en 4,6% quedando en $644.350 pesos más un subsidio de transporte de $73.950 ($718.300 pesos en total). Sin embargo, debido a la fuerte devaluación del peso frente al dólar, para octubre de 2015 (tomando una tasa US$2.950) el salario mínimo estaba en US$219 dólares, más US$25 dólares del subsidio de transporte, totaliza US$244 dólares.

Esta cifra convierte a Colombia en uno de los países latinoamericanos con menor salario mínimo, después de Brasil (US$236 dólares), México (US$129 dólares), Nicaragua (US$115 dólares) y Cuba (US$23 dólares). Los demás países tienen salarios mínimos por encima del de Colombia, destacándose los casos de Panamá (US$667 dólares), Costa Rica (US$516 dólares), que lo duplican; y Argentina (US$433 dólares), donde es 1,77 veces más alto[3].

Si la comparación la hacemos con países del viejo continente, la diferencia resulta abismal. Un informe del diario El Colombiano resalta que “los trabajadores suizos ganan 17 veces más que un colombiano en ese mismo tipo de sueldo (US$3.416). El salario local de US$194,9 mensuales es tan solo 8,7% del que reciben los empleados en Luxemburgo (US$2.217,6) o 9,4% de la remuneración de los belgas (US$2.056).”[4]

Adicionalmente, debemos recordar que el salario mínimo es muy susceptible al valor de las monedas, que tiene en él una gran influencia. Durante los períodos de devaluación monetaria como la que vive Colombia (estimada entre el 35% y el 40%) el trabajador pierde poder adquisitivo y lo mismo ocurre con los periodos inflacionarios, en gran parte debido a la devaluación que encarece los bienes importados y los insumos agropecuarios (semillas, herbicida y plaguicidas producidos en otros países).

Esa alza en los insumos agropecuarios sumada al fenómeno climatológico de El Niño que afecta las cosechas, se refleja en un fuerte incremento en el precio de los alimentos. De acuerdo con el Dane la inflación de alimentos, acumulada a noviembre, fue de 9,81%, sobresaliendo productos como Frijol (60%), hortalizas (43%) y arroz (23%).

Aunque se supone que los aumentos en el salario mínimo se dan para restablecer el mismo poder adquisitivo de los trabajadores, en la práctica ese poder de compra no se recupera y por el contrario se deteriora cada vez más, por lo menos en Colombia, y particularmente en este año, con unos costos tan altos de los productos de la canasta familiar[5], principalmente de alimentos como acabamos de ver.

Recordemos que el aumento del salario mínimo en el país en 2015, fue de 4,6%, pero ya se lo comió la inflación de los primeros 9 meses, que al cierre de septiembre, se ubicó en 4,7%, según datos del Dane. Eso quiere decir -ni más ni menos- que en septiembre los colombianos que devengan un salario mínimo tenían el mismo poder adquisitivo de diciembre de 2014 y que por tanto, durante el último trimestre -octubre, noviembre y diciembre- ese poder de compra es negativo frente al salario que vienen devengando. Como si fuera poco, la inflación en lo corrido del año a noviembre alcanzó 6,11%[6] y se estima que puede cerrar en el 6.5%.

Empresarios vs centrales obreras
Con ese nivel de inflación y en vista de que el incremento de salario mínimo no puede ser inferior a la inflación causada en 2015, el aumento en la remuneración para unos 3,5 millones de colombianos, no podría ser inferior a ese porcentaje. Es decir, debería subir $41.882,75 para quedar en $686.232,75, con lo cual se compensaría lo que se comió la inflación este año, pero no habría ningún aumento real para el 2016, que desde enero arranca con incontables alzas, que en últimas, deterioran aún más el menguado salario de los colombianos.

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Sin embargo, como de lo que se trata es de ´blindar´ el salario -por lo menos en parte- de las alzas del siguiente año, se tiene en cuenta la inflación proyectada (y otros puntos por productividad), lo que explica la petición de las centrales obreras (12% y 10%) y hace ver como cicatera la propuesta de los empresarios (6.8%), apenas 3 décimas por encima del IPC.

En la reunión formal de la semana pasada, la pretensión de la CUT bajó al 11% y las de las centrales CGT, CTC y CDP descendió al 8.5%, mientras que los gremios económicos sostuvieron su propuesta del 6.8%, pero tras  obtener  mayor información de tipo económico y sugerencias por parte del Gobierno, la aumentaron esta semana al 7%, cifra a la que también pueden bajar las centrales obreras.

Ello quiere decir, que mientras los voceros de los trabajadores apuestan por un aumento del salario mínimo de $54.769 pesos (Para un total mensual de $699.119 pesos), el sector privado ofrece un aumento de $45.104,5 pesos, con lo que el mínimo estaría el año que viene en $689.454,5 pesos. La diferencia -de 1,5 puntos porcentuales- se traduce no solamente en $9.664,5 pesos, sino también en una concepción muy diferente de lo que debe ser el aumento salarial; pues, mientras los centrales obreras abogan por una recuperación del poder adquisitivo, a los gremios esto no parece importarles, olvidando que mayores ingresos se traducen necesariamente en mayor consumo y ahorro, que en últimas es consumo futuro.

Destaca por lo miope la postura de la Asociación Nacional de Instituciones Financieras, ANIF; (El gremio de los  bancos), que en cabeza de su presidente Sergio Clavijo, aseguró que el incremento del salario para 2016 debe ser de 6.5%, es decir, ajustado a la inflación acusada, aduciendo que un aumento ´excesivo´ en el salario, pondría elevar el índice de desempleo en el país, lo cual es ampliamente rebatido por otros economistas.

Un salario mínimo cercano a los $700.000, como lo propone la CGTD, no ocasionará una presión sobre la demanda de bienes y servicios -generando inflación- ya que como analizamos, sus precios subieron este año por los efectos devaluacionistas de la moneda y del fenómeno de El Niño. Por el contrario, le permitirá a colombianos de bajos recursos recuperar (así sea en parte) lo que perdieron por el alza de esos bienes y productos, básicamente alimentos.




[1] Fue establecido por primera vez en Australia y Nueva Zelanda en el siglo XIX.
[2] En 2015, el salario mínimo es de $644.350 por una jornada laboral de 48 horas por semana.
[3]El estudio completo para los países latinoamericanos se encuentra en: http://salariominimo.com.mx/comparativa-salario-minimo-latinoamerica/
[4] Informe del diario El ColombianoEl salario mínimo en Colombia es el 10% del básico en Suiza, Luxemburgo y Bélgica”. Disponible en: http://www.elcolombiano.com/negocios/economia/el-salario-minimo-en-colombia-es-el-10-del-basico-en-suiza-luxemburgo-y-belgica-NY3313960 (Consultado el 19 de diciembre de 2015). 
[5] Quienes devengan un mínimo lo usan básicamente en consumir alimentos, pagar arriendo, vestuario, transporte y educación.
[6] Este nivel de Índice de Precios al Consumidor (IPC) no se veía desde julio de 2008, cuando la inflación cerró en 7,67%.

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Acuerdo sobre víctimas, ojalá sea exitoso como otros en el mundo, por el bien de las víctimas

El acuerdo sobre víctimas que firmaron este martes en La Habana el Gobierno y las Farc, no solamente es histórico, sino trascendental, pues busca la reparación de más de seis millones de víctimas, cerrar las heridas abiertas por medio siglo de conflicto armado y acercar más el horizonte de la paz para Colombia.

Recordemos que las partes discutían desde hace un año y medio sobre este espinoso punto -el quinto de la agenda-, tiempo en el que recibieron a 60 representantes de las víctimas para ofrecer a la mesa de negociaciones fiel testimonio del drama humano que se esconde tras tantas décadas de guerra.

De acuerdo con cifras oficiales del Centro de Memoria Histórica de Colombia, los 50 años de confrontación armada en Colombia han dejado 6,5 millones de víctimas, entre ellas 5,7 millones de desplazados, 220.000 muertos, 25.000 desaparecidos y 27.000 secuestrados.

El reto ahora es que la Comisión de la Verdad, Justicia y Reparación que se conforme arroje resultados satisfactorios para esas víctimas y la sociedad en general, en un tiempo prudencial, como ocurrió en países como El Salvador, Argentina o Sudáfrica.

Con el acuerdo de víctimas, Gobierno y guerrilla entran en la recta final de ese proceso que busca una paz estable y duradera, así como la y la reconciliación de un país desangrado por la violencia de diversos grupos armados. Se cierra de esta manera un importante capítulo del proceso de paz, para volver en enero con el reto empezar a articular el fin del conflicto, lo que lleva implícito la entrega o dejación de las armas por parte de las Farc y el cese el fuego bilateral y definitivo, temas que son debatidos desde hace varios meses por una subcomisión técnica, integrada por altos mandos militares de los dos bandos, con el objetivo de llevar a la mesa propuestas concretas para llegar al fin del conflicto.

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Principios base del acuerdo
Las partes iniciaron el quinto punto de discusión de la agenda -el de víctimas- el 7 de junio de 2014, con la “Declaración de principios”. Esos principios son:

 El reconocimiento de las víctimas: Es necesario reconocer a todas las víctimas del conflicto, no solo en su condición de víctimas, sino también y principalmente, en su condición de ciudadanos con derechos.

El reconocimiento de responsabilidad frente a las víctimas del conflicto. La Satisfacción de los derechos de las víctimas (Los derechos de las víctimas del conflicto no son negociables).

La participación de las víctimas: La discusión sobre la satisfacción de los derechos de las víctimas de graves violaciones de derechos humanos e infracciones al Derecho Internacional Humanitario con ocasión del conflicto, requiere necesariamente de la participación de las víctimas, por diferentes medios y en diferentes momentos.

El esclarecimiento de la verdad: Esclarecer lo sucedido a lo largo del conflicto, incluyendo sus múltiples causas, orígenes y sus efectos, como parte fundamental de la satisfacción de los derechos de las víctimas, y de la sociedad en general. La reconstrucción de la confianza depende del esclarecimiento pleno y del reconocimiento de la verdad.

La reparación de las víctimas: Las víctimas tienen derecho a ser resarcidas por los daños que sufrieron a causa del conflicto. Restablecer los derechos de las víctimas y transformar sus condiciones de vida en el marco del fin del conflicto es parte fundamental de la construcción de la paz estable y duradera.

Las garantías de protección y seguridad: Proteger la vida y la integridad personal de las víctimas es el primer paso para la satisfacción de sus demás derechos. La garantía de no repetición: El fin del conflicto y la implementación de las reformas que surjan del Acuerdo Final, constituyen la principal garantía de no repetición y la forma de asegurar que no surjan nuevas generaciones de víctimas.

Principio de reconciliación: Uno de los objetivos de la satisfacción de los derechos de las víctimas es la reconciliación de toda la ciudadanía colombiana para transitar caminos de civilidad y convivencia.

Enfoque de derechos: Todos los acuerdos a los que se llegue sobre los puntos de la Agenda y en particular sobre el punto 5 “Víctimas” deben contribuir a la protección y la garantía del goce efectivo de los derechos de todos.

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Lo pactado en La Habana
El Sistema Integral sobre víctimas se aplicará de manera simultánea e integral a todos los que participaron directa e indirectamente en el conflicto armado, y sus decisiones ofrecerán garantías de seguridad jurídica a todos los anteriores.

El Estado colombiano tiene el deber de investigar, esclarecer, perseguir y sancionar las graves violaciones de los Derechos Humanos y las graves infracciones del Derecho Internacional Humanitario. El sistema determinará cuáles delitos son susceptibles de amnistía y cuáles no.

El componente de Justicia también se aplicará respecto de los agentes del Estado (policía y militares) que hubieren cometido delitos relacionados con el conflicto armado y con ocasión de este, aplicación que se hará de forma diferenciada, otorgando un tratamiento equitativo, equilibrado, simultáneo y simétrico.

La participación de las Farc en el Sistema Integral estará sujeta a la dejación de armas. No serán objeto de amnistía ni indulto ni de beneficios equivalentes los delitos de lesa humanidad, el genocidio, los graves crímenes de guerra, la toma de rehenes u otra privación grave de la libertad, la tortura, las ejecuciones extrajudiciales, la desaparición forzada, el acceso carnal violento y otras formas de violencia sexual.

El funcionamiento del componente de justicia dará énfasis a las necesidades de las víctimas mujeres, niñas y niños, quienes sufren de una manera desproporcionada y diferenciada los efectos de las graves infracciones y violaciones cometidas con ocasión del conflicto.

Si bien las sanciones que impondrá el Tribunal Especial para la Paz a los guerrilleros y otros actores del conflicto tendrán un fin restaurativo y de reparación -obras que beneficien a las víctimas-, los delitos graves se sancionarán con restricción de libertad y de derechos -libertad de residencia y movimiento- por un periodo que irá entre los 2 y los 8 años, dependiendo del grado de participación en el crimen.

Si fue determinante, la restricción de libertad será de entre 5 y 8 años. Si la participación en el delito no fue contundente, la sanción será de entre 2 y 5 años. El Tribunal Especial para la Paz determinará las condiciones de la restricción de la libertad y para acceder a estos beneficios será condición reparar a las víctimas y contar la verdad.
Se acordó que el Gobierno Nacional fortalecerá los procesos de reparación colectiva y garantizará que los planes y programas de la Reforma Rural Integral tengan, donde haya lugar, un enfoque reparador.

Comisiones exitosas en el mundo
En los últimos 40 años se han creado comisiones de la verdad en más de 30 países que han padecido serios conflictos. De ellos se destacan 5 en los cuáles los órganos investigativos creados al final del conflicto, lograron plantear un horizonte de paz con base en la verdad.

Comisión de la Verdad y Reconciliación del Perú (creada en 2001), investiga hechos sucedidos desde 1980 a diciembre de 2000.

Después de 12 años de dictaduras militares, las guerrillas Sendero Luminoso (Partido Comunista del Perú) y Movimiento Revolucionario Tupac Amarú, se enfrentaron al Estado peruano. Los actos violentos persistieron del 80 al 90, hasta que llega al poder Alberto Fujimori, quien ataca duramente a estos grupos con las fuerzas oficiales que, aunque replegaron a los grupos armados ilegales, cometieron crímenes contra la población civil, justificados en su lucha contra el terrorismo.

En diciembre de 2000, un mes después de que Fujimori fuera destituido por el Congreso y condenado por crímenes de Estado y corrupción (bajo el mandato transitorio de Valentín Paniagua) se aprobó el establecimiento de la comisión, inaugurada en julio de 2001 cuando Alejandro Toledo fue electo Presidente.

La comisión no solo reconoció a los pueblos indígenas como las víctimas más afectadas del conflicto sino que abrió paso para investigaciones de magnicidio, abuso sexual y tortura. Pero sobre todo, se enfrentó al gobierno saliente de Alberto Fujimori que, durante años y con las armas a su favor, se interpuso entre la verdad y la justicia.

Comisión de la Verdad y Reconciliación de Sudáfrica (Creada en 1995), investigó hechos sucedidos desde la masacre de Sharpeville, en marzo de 1960, a diciembre de 1993.

En Sudáfrica, el apartheid fue una política de Estado de segregación racial que se dio desde 1948 hasta 1992. El Partido Nacional (PN), conformado por los afrikáners (colonos blancos de origen holandés) que controlaban el gobierno, negó los derechos de participación política, salud, educación y servicios públicos a los negros. La resistencia interna y los grupos de oposición, como el Congreso Nacional Africano (Liderado por Nelson Mandela), se enfrentaron violentamente.

En 1990, cuando Mandela fue liberado después de 27 años de prisión, el ANC y el PN iniciaron negociaciones. En las primeras elecciones democráticas, en abril de 1994, el ANC salió victorioso y Mandela asumió la presidencia.

Un año más tarde se estableció la Comisión de la Verdad y la Reconciliación de Sudáfrica, la cual fue la primera que se expuso en los medios y no se quedó únicamente en las entidades judiciales y gubernamentales.

Los miembros de la comisión fueron siete negros, seis blancos, dos mestizos y dos indígenas (en total, nueve mujeres y ocho hombres). Presentó 250 recomendaciones para reparar a las víctimas de torturas, secuestros y homicidios. Entre ellas, una política para la indemnización financiera y la edificación de monumentos públicos conmemorando el sufrimiento de las víctimas.

Comisión Nacional sobre la Desaparición de personas (Creada en Argentina en 1983). Investigó hechos sucedidos desde el 24 de marzo de 1976, el inicio de la dictadura militar, hasta 1983.

El 24 de marzo de 1976, la Junta de Comandantes del ejército argentino derrocó al gobierno de Isabel Perón. En desarrollo de lo que llamó ´Proceso de Reorganización Nacional´, secuestró, torturó y asesinó a miles de personas, bajo sospecha de subversión. En 1983, el régimen militar argentina, que encabezaba Reynaldo Benito, se debilitó por la presión del pueblo, la crisis económica y la derrota militar contra Reino Unido en la guerra de Las Malvinas. Se realizaron elecciones y Raúl Alfonsín fue elegido presidente.

Durante su primera semana de mandato, en diciembre 16 de 1983, por presión de la Sociedad Civil, se creó la comisión, que en total registró 8.960 desapariciones y pudo entregar a los tribunales más de 1.086 expedientes, lo que hizo posible el juicio de nueve ex miembros de las juntas militares.

Timor Oriental: Comisión para la Acogida, la Verdad y la Reconciliación (creada en 2002), investigó hechos sucedidos desde abril de 1974 a octubre de 1999.

En 1974, Timor Oriental empezó su proceso de independencia de Portugal. En 1975 surgieron dos partidos que se disputaban el poder: Unión Democrática de Timor (UDT), apoyada por las élites tradicionales y el gobierno portugués, y el Frente Revolucionario para un Timor Oriental Independiente (FRETILIN), quienes aceptaron la ayuda militar de Indonesia para independizarse. El 7 de diciembre de ese año, el gobierno del general Radem Suharto, de Indonesia, invadió la isla y mantuvo una ocupación represiva y violenta durante 24 años hasta que los grupos de resistencia se organizaron en los 90.

La comisión llevó a cabo ocho audiencias públicas, realizó 1.048 entrevistas y recibió 7.760 testimonios de víctimas. Facilitó la reconciliación y reintegración de victimarios que cometieron crímenes menores, quienes confesaron sus actos a través del “Proceso de Reconciliación Comunitaria” y recomendó medidas para prevenir futuros abusos y trazó los lineamientos para reparar a las víctimas.

Comisión de La Verdad de El Salvador (Creada en 1992), investigó hechos sucedidos desde 1980 hasta 1990.

La guerra civil en El Salvador empezó en 1972 cuando los militares llegaron al poder -mediante fraude electoral- con el Partido de Conciliación Nacional (PNC). El contrincante Unión Nacional Opositora (UNO) y diferentes movimientos de izquierda, se armaron para luchar contra la dictadura. En 1980, después de casi una década de dictadura, las guerrillas, los grupos políticos de izquierda, los campesinos y los sindicatos, se unieron para formar el grupo armado Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN).

En 1990 ambas partes aceptaron la intervención de Naciones Unidas para mediar en la resolución del conflicto armado y firmaron el 16 de enero de 1992, los Acuerdos de Paz de Chapultepec (México). En ellos se ordenó la creación de la Comisión de la Verdad, que por primera vez en la historia del país, recogió y denunció los crímenes cometidos por militares y funcionarios logrando que se pidiera la destitución y renuncia de algunos.


Según la comisión, la guerra dejó 75.000 muertos, en su mayoría civiles. De los 22 mil testimonios documentados, el 60% involucraban ejecuciones extrajudiciales y el otro 40% desapariciones y torturas. El 85% de los crímenes fueron atribuidos al Estado y se cometieron, en su mayoría, en zonas rurales. Otro 5% de los crímenes fueron obra del FMLN. El porcentaje restante aún se desconoce.